Por: Roxana Lusso.
Colaboración especial: Romina Lusso.

Hoy 25 de Noviembre se conmemora el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, por ello decidimos entrevistar a Romina Lusso quien desde 2013 integra el Equipo de Educación Sexual Integral perteneciente al Ministerio de Educación de la Provincia de Santa Fe, es Profesora en Ciencias Naturales, postitulada en Derechos Humanos, Doula e integrante de la Mesa Ni una Menos, Vivas nos queremos Sunchales.

¿Por qué motivo se eligió el 25 de noviembre para conmemorar este Día?

El 25 de noviembre fue declarado Día Internacional de la Eliminación de la violencia contra la Mujer en el Primer Encuentro Feminista de Latinoamérica y del Caribe, celebrado en Bogotá, en julio de 1981. En esa oportunidad, las mujeres denunciaron la violencia de género a nivel doméstico, la violación y el acoso sexual a nivel de Estados, incluyendo la tortura y los abusos sufridos por persecución y asesinatos con motivos políticos. El asesinato de las hermanas dominicanas Mirabal en 1960 dio origen a la fecha reivindicativa. Las “mariposas”, Patria, Minerva y María Teresa,  eran activistas políticas y fueron asesinadas el 25 de noviembre de 1960 en manos de la policía secreta del dictador Rafael Trujillo en la República Dominicana. En 1993, la ONU aprobó la Declaración sobre la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, la Asamblea reconoció, además, que era necesario un compromiso de todos los Estados y de la comunidad internacional en general para eliminar estos tipos violencia. Desde entonces, el 25 de noviembre es una fecha para visibilizar y reflexionar las diferentes formas en la que se manifiesta la violencia contra las mujeres en todo el mundo y reclamar políticas públicas en todos los países para su erradicación.

¿Qué se entiende por “violencia contra la mujer“?

La violencia contra las mujeres es un fenómeno estructural, no un problema individual o de un determinado grupo, por lo tanto, es necesario abordarla desde diferentes marcos teóricos y metodológicos que posibiliten su análisis y que hagan visibles todos los modos sistemáticos de producción y encubrimiento de la misma en la vida cotidiana.

La violencia contra las mujeres ha sido instalada masivamente como «violencia de género». Esta expresión ha generado confusiones dando lugar a interpretaciones bilaterales, es decir que se puede producir indistintamente de varones a mujeres como de mujeres a varones. De esta manera, se ha contribuido a invisibilizar las relaciones desiguales y asimétricas entre varones y mujeres que están en el origen de dicha problemática.

Debemos tomar dimensión de la problemática, ya que diferentes investigaciones a nivel mundial evidencian que la violencia contra las mujeres requiere especial atención debido a su extensión y gravedad como así también al modo sistemático y sostenido en que se ejerce.

Para realmente dimensionar la situación, debemos remontarnos a la historia desde donde las distintas culturas han construido y transmitido representaciones, construcciones sociales y formas de comportamiento que se consideraron distintivas, propias y exclusivas de  varones y  mujeres, dando lugar a estereotipos que definieron formas rígidas  de “ser mujer” y “ser varón”. De esta manera, se han establecido y replicado mandatos generizados que han legitimado el poder de los varones sobre las mujeres y en especial sobre sus cuerpos. La diferencia biológica de sexo entre varones y mujeres ha subsumido a las mujeres al ámbito privado, en tanto los varones han monopolizado el espacio público.

En el contexto de estas construcciones sociales e históricas, según Diana Maffia “la violencia de género se define por las relaciones desiguales de poder que subordinan a las mujeres, por las relaciones patriarcales que hacen de las mujeres (y los hijos e hijas) propiedad de los varones y responsables del cuidado del hogar y los trabajos domésticos”.

El objetivo de quien ejerce violencia es controlar a la mujer a través del maltrato y suele expresarse como abuso de poder, dominación y control sobre la otra persona y la restricción de sus derechos. La violencia machista puede ir desde el acoso callejero, las publicidades sexistas, los programas de televisión, cargados de violencia simbólica que cosifican a la mujer hasta el abuso sexual explícito. La violencia de género funciona como un disciplinamiento para mantener la desigualdad entre varones y mujeres a partir de la imposición del miedo, logrando que las mujeres no salgan de los límites que una sociedad y cultura patriarcales les han fijado tradicionalmente.

En función de lo acontecido en nuestro país, no debemos olvidar que ocurre un femicidio cada 18 horas, o sea que muere una mujer a manos de un hombre por día por el solo hecho de ser mujer. Me parece muy esclarecedora la antropóloga e investigadora Rita Segato, quien ha propuesto una mirada profunda sobre la violencia letal sobre las mujeres, entendiendo a los femicidios como una problemática que trasciende a  los géneros para convertirse en un síntoma, o mejor dicho, en una expresión de una sociedad que necesita de una pedagogía de la crueldad para destruir y anular la compasión, la empatía, los vínculos y el arraigo local y comunitario. Es decir todos esos elementos que se convierten en obstáculo en un capitalismo de rapiña, que depende de esa pedagogía de la crueldad para aleccionar. Es, en ese sentido, que el ejercicio de la crueldad sobre el cuerpo de las mujeres, pero que también se extiende a crímenes homofóbicos o trans, todas esas violencias “no son otra cosa que el disciplinamiento que las fuerzas patriarcales imponen a todos los que habitamos ese margen de la política, de crímenes del patriarcado colonial moderno de alta intensidad, contra todo lo que lo desestabiliza” (*). En esos cuerpos se escribe el mensaje aleccionador que ese capitalismo patriarcal de alta intensidad necesita imponer a toda la sociedad.

 (*)Extracto del libro “La guerra contra las mujeres”, de Rita Segato.


¿Hay una ley o marco legal que regule este tema?

Por suerte existe un plexo legal que sostiene esta problemática. Como docente y como miembro del equipo ESI de la provincia no puedo dejar de mencionar  la Ley N° 26.150 de Educación Sexual Integral, los Lineamientos Curriculares y materiales didácticos específicos que nos brindan herramientas y perspectivas para trabajar en el ámbito educativo la prevención, detección y erradicación de la violencia contra las mujeres.

Contamos con varias normativas, entre ellas la Ley Nacional N° 26.485 y la Ley Provincial N° 13.348 de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres en los ámbitos en que se desarrollen sus relaciones interpersonales.

La misma es fruto de la lucha de diversos movimientos sociales y establece diferentes tipos y modalidades de violencia, entre las que podemos nombrar: la violación, el control y el sometimiento. Todas estas manifestaciones tienen su máxima expresión en los femicidios.

El Ministerio de Educación de la provincia de Santa Fe en el marco de la implementación del Programa de Educación Sexual Integral, ha asumido el compromiso de profundizar el abordaje de esta problemática en las instituciones educativas. Cuenta, para ello, con la disposición N° 003 como antecedente en el territorio provincial y con la Ley Nacional N° 27.234, Educar en Igualdad: Prevención y erradicación de la violencia de género. Esta última impulsa jornadas de sensibilización para reflexionar sobre las causas, formas, alcances y estrategias para su erradicación.


La antropóloga Rita Segato sostiene que:

La mujer tiene que diariamente probar ser un sujeto moral“, ¿a qué hace referencia?


En el programa la Inmensa minoría Rita Segato manifiesta: “La violencia contra las mujeres es un síntoma del momento del mundo, no es solamente una relación entre hombres y mujeres, es un contexto que tiene que ver también con lo económico y lo político.  Estamos en una época de dueñidad, donde existen figuras que son dueñas de la vida y la muerte; eso irrumpe en el inconsciente colectivo como un síntoma, en la manera en la que los hombres que obedecen a un mandato de masculinidad, de potencia, prueban su potencia mediante el cuerpo de las mujeres”.

A este término en función de lo moralizador y disciplinador Rita Segato lo utiliza porque ha hecho investigaciones en las cárceles en función de los violadores y ella sostiene  que en ellos irrumpen valores que están en toda la sociedad. Son los actores protagonistas de una acción que es de toda la sociedad y que ejercen  una acción moralizadora de la mujer. Son  sujetos que se rinden a un mandato de masculinidad que le exige un gesto extremo, aniquilador de otro ser para poder verse como un hombre y sentirse potente. Para ella, la violación es un acto de moralización.  Él siente y afirma que está castigando a su víctima por algún comportamiento que entiende como un desvío, un desacato a una ley patriarcal. Es un castigador que no siente que actúa contra la ley, sino a favor de una ley moral.

¿Cuál es el rol que juega la “masculinidad hegemónica”en palabras de la socióloga Raewyn Connell en la violencia contra las mujeres?

La masculinidad hegemónica es un concepto popularizado por la socióloga R. W. Connell de prácticas que proponen y que promueven la posición social dominante de los hombres, y la posición social subordinada de la mujer.

Acontece entonces un sistema de asimetría de poder, que se sostiene en otras desigualdades cotidianas, naturalizadas. Estas relaciones asimétricas se sustentan en privilegios masculinos que, raramente, se discuten.

¿Cuál debería ser el rol de Estado ante los femicidios?

El Estado es responsable no sólo para penalizar al femicida, sino fundamentalmente para evitar los femicidios. Debe garantizar la implementación de la Ley 26.485 tanto a nivel nacional como a nivel local. Debe hacerse responsable de impartir políticas públicas, capacitar a sus trabajadores y encargarse de la formación de quienes son responsables del tema en las oficinas del estado. Es por esto que se necesita un observatorio en función de la violencia contra las mujeres y los femicidios para poder elaborar estrategias acordes a los acontecimientos.

Sin presupuesto, sin inversión y sin políticas públicas contextualizadas por parte  del Estado, no podemos decir ni una menos.

 ¿Y de los medios de comunicación?

Los medios de comunicación en la actualidad constituyen un agente socializador con tanta o mayor influencia que la escuela y la familia.

La Ley de Protección integral para prevenir, sancionar y erradicar la violencia contra las mujeres, tracciona a favor de los derechos de las audiencias aportando  una herramienta útil para hacer visibles formas de violencia que no percibimos por cotidianas: aquellas que se ejercen a través del lenguaje y los medios, denominada violencia simbólica como lo he mencionado anteriormente.

El concepto de violencia simbólica fue aportado por el sociólogo francés Pierre Bourdieu. El autor propone que estas formas de violencia pueden concebirse como aquellas que no se ejercen directamente por medio de la fuerza física, sino a través de la imposición de una visión del mundo, de roles sociales, categorías cognitivas y estructuras mentales. Básicamente, a través del lenguaje, de la tradición y la socialización en la familia, la escuela y la comunidad, y por supuesto en nuestras sociedades en la que los medios de comunicación social son masivos y juegan un rol relevante, a través de los relatos que éstos fabrican. En La dominación masculina, el autor observa cómo en las sociedades patriarcales es a través de estos mecanismos que se perpetúa el dominio de los varones sobre las mujeres.

La violencia simbólica excede a los contenidos de los medios de comunicación, se plasma en canciones, chistes, refranes, diccionarios y también puede transmitirse en los contenidos formales de la educación y en los mandatos generizados que se replican.


¿Qué acciones y organismos se crearon a partir de los mismos?

Por ejemplo Ni una menos. ¿Con qué objetivos, funciones?

 La organización Ni Una Menos nació el 3 de Junio de 2015. Todo empezó con el femicidio de Chiara Páez, una joven de 14 años muerta  en manos de su novio cuando se enteró de que estaba embarazada. El eslogan “Ni Una Menos” comenzó a circular en las redes sociales y las mujeres salimos a las calles a reclamar justicia, a mirarnos a los ojos, a abrazarnos, a llorar juntas, a organizarnos en sororidad.

El Consejo Nacional de las Mujeres  fue fundado hace 25 años para impulsar y supervisar la aplicación de políticas públicas que deben, en teoría, eliminar la violencia de género y promover la igualdad entre hombres y mujeres. El CNM desarrolla, por ejemplo, programas de prevención y de asistencia para las víctimas de violencia doméstica. Sin embargo, las asociaciones feministas estiman que su presupuesto es demasiado bajo para cumplir con sus metas.

En Sunchales desde 2014 se llevan adelante diversas acciones organizadas por algunas docentes en torno al 25 de Noviembre.

En 2015 junto a Mabel Morero y Carina Radilov comenzamos a organizar las convocatorias en función de las marchas propuestas por Ni Una Menos. Hoy nos encontramos en un grupo mucho más grande de mujeres reuniéndonos, pensando estrategias de promoción, prevención y erradicación de la violencia contra las mujeres, problematizando y pensando las necesidades de las mujeres de nuestra comunidad.


 ¿Qué se debe hacer en caso de violencia de género?

 Ante una situación de violencia se puede acudir a:

– Centro de Orientación y Atención a la Víctima de Violencia Familiar. Espacio de desarrollo comunitario.  Alberdi 157 (Lunes a viernes de 7 a 13) o llamar al teléfono de guardia: 15 4370 – – Comisaría de la Mujer.  Avda Belgrano 388 – Sunchales. Atención 24 hrs.  TE: 101 / 420134 / 452911 / Emergencias: 15449633. Atención personalizada Ingenieros 855 todos los días de 8 a 13.85.

– Línea Gratuita de Atención, Contención e Información sobre Violencia contra las mujeres: 144

– Dirección de Asistencia a la Víctima TE: 0800 – 888 – 8428

-Todos los restadores  públicos de Salud (SAMCO, CAPs, Hospital)

 

Para finalizar, ¿una reflexión?

Es muy importante encontramos y pensar estrategias situadas para ser la voz de quienes ya no la tienen.  Es necesario formar un entramado para comprender las palabras y situaciones que a veces no podemos entender porque nos sobrepasa, porque nos enmudece, porque nos ahoga de tristeza y poder poner en palabras lo que acontece para entender que la violencia machista mata y no sólo cuando el corazón deja de latir. La muerte es el extremo de la violencia que busca disciplinar a las mujeres y a todas las personas que se rebelan al pacto patriarcal y heterosexual. Pero la violencia machista también mata, lentamente, cuando coarta libertades, participación política y social, la chance de inventar otros mundos, otras comunidades, otros vínculos.

Nos mata cuando nos dice cómo vestirnos y cómo actuar, cuando nos insulta o nos juzga por el modo en que disfrutamos nuestros cuerpos, cuando nos niega la palabra en el espacio público, la silencia o la minimiza; mata nuestro derecho a vivir en un mundo con igualdad de derechos y oportunidades.

Nos mata cuando nos impone las tareas domésticas y de cuidado como si fueran un deber exclusivo y natural, mata el libre uso de nuestro tiempo. Cuando nos niega la igualdad en los salarios aunque hagamos el mismo trabajo, mata nuestra autonomía.  Cuando avasalla o abusa de nuestros cuerpos, mata nuestra integridad.

Unirnos es urgente, no queremos una víctima más, necesitamos tejer una trama de resistencia y sororidad.  Sunchales es una comunidad que tiene como bastión al cooperativismo, sostengo que una mirada más amplia, comprometida e inclusiva se podría lograr para poder unirnos en un único reclamo: ¡Vivas y libres nos queremos!

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