Ícono del periodismo local, figura indiscutible de la televisión sunchalense. En una extensa y emotiva charla, Marina Ferrero recuerda sus primeros acercamientos a la comunicación y al oficio, su día a día y sus proyectos a futuro. ¿Qué significa hacer periodismo en 2016? ¿Cómo es su relación con colegas de la ciudad? ¿Cuánto hay de Marina en la Marina que vemos en televisión?

Adelante, las cámaras ya dejaron de grabar.

Por: Cristian Malano

Corta la comunicación telefónica y me doy cuenta de que esta vez mi trabajo va a ser todo un desafío. Prepararse para entrevistar a un periodista puede generar dolores de cabeza si no se hace con cierta lógica y criterio. Apunto algunas preguntas disparadoras pero me predispongo a dejar fluir la conversación y a estar atento para la repregunta.

Javier me acompaña con la cámara fotográfica y un trípode.

Ella nos recibe con café de máquina y unas galletitas de chocolate que ha vertido ordenadamente en un plato azul. Prepara una taza en la cocina y se acerca a charlar un poco. Prepara otra y repite la acción. La tercera taza rebalsa largamente porque se ha distraído conversando sobre una entrevista que hizo hace algunos días.

Marina sonríe casi todo el tiempo y gracias a eso su voz se modula delicada, nítida. Habla muy rápido pero se expresa claramente y no retoma las frases casi nunca. Estoy sentado frente a una mujer sensible y analítica. Se emociona hasta las lágrimas cuando habla de su madre y sus seres más cercanos, dice no poder evitarlo. Recurre mucho a sus años de estudiante. Guarda decenas de anécdotas de esa época, todas muy divertidas y ocurrentes.

Fotografía: Javier Bovo

 Un primer acercamiento a la comunicación

– ¿Siempre tuviste vocación de periodista?

– Mirá, en primera instancia te puedo decir que sí, pero uno nunca se termina de explicar cómo hizo para terminar viviendo de esto. Me acuerdo que desde muy pequeña miraba los noticieros y leía los diarios constantemente, y eso no es tan común en un chico. Pienso que al ser hija única y tener mis papás grandes, un poco me acoplaba a esa rutina y a esas costumbres que se me fueron pegando desde muy temprano.

– Pero estudiar Comunicación Social en esa época era raro…

– Muy raro. Imaginate, hablamos del año 1991. Nadie sabía, y menos acá en el interior, de qué se trataba esa licenciatura. Recién llegaban algunas informaciones sobre a qué se dedicaba un comunicador social. Yo tuve la suerte de participar en un proyecto de orientación vocacional que para la época fue muy fructífero. Estaba terminando 5to año y me encontré con la posibilidad de estudiar comunicación. Eso me abrió la cabeza. Recuerdo que lo comenté en casa y ni sabían de lo que les estaba hablando, pero siempre mis papás me apoyaron mucho, fuera la decisión que fuera. Y me fui para la Universidad Nacional de Córdoba, me acuerdo patente de la fecha de inscripción, porque si algo heredé de mi mamá fue la memoria, un 2 de diciembre de 1991: a inscribirme y a buscar alguna pensión donde hospedarme.

>> Creo que en realidad la gran visionaria sobre mi persona fue mi mamá, porque depositó en mí todo lo que ella no pudo hacer, y me acompañó siempre para que consiga mis objetivos. Ella no tuvo la oportunidad de estudiar y luchó para que yo lo haga.

[Se emociona. Quiero sacarla de ahí]

– ¿Y durante el cursado de la carrera te fuiste dando cuenta de que la televisión era lo tuyo?

– No, para nada. Es muy loco porque en la pensión nosotras teníamos televisión con cable (te va a parecer raro, pero los estudiantes no solían tenerla entonces). Éramos unas privilegiadas, sin duda. Yo era –y soy- muy consumista de los programas de Mirtha Legrand, y mis compañeros me cargaban por eso. En la pensión no querían saber nada, pero yo admiraba la forma de preguntar de ella. Me gustaba mucho el hecho de poder sentarse a interactuar con varias personas al mismo tiempo, incluso cuando éstas ni siquiera se conocen y encima, que deben compartir una comida.

O sea que más allá de ver el programa, sos muy analítica del contenido.

– Sí, tal cual. Pero nunca pensé que me iba a dedicar de lleno a la televisión, porque todo lo que tenía que ver con trabajos académicos, incluso mi tesis final, la hice enfocando a la comunicación desde el punto de vista empresarial. Y cuando me tocaba hacer proyectos de periodismo en la facultad, yo elegía hacer producción, siempre detrás de las cámaras y de los micrófonos, porque no me animaba a hablar. Ni en radio ni en la tele. Te soy sincera, yo me imaginaba estando en una empresa trabajando la parte de comunicación, por eso de entrada decía que uno nunca sabe para qué lado va a ir la vida.

Fotografía: Javier Bovo.
Fotografía: Javier Bovo.

De su etapa profesional

– Pero te recibiste, y volviste a Sunchales…

Sí, me recibí el 21 de febrero de 1998, con 23 años y miles de anécdotas para contar. El canal local se enteró de que había una muchachita que salía con un título de Córdoba, y se dio justo que Mónica Ravazzani dejaba el noticiero. Ellos necesitaban una persona recibida porque ya se empezaba a hablar del tema de la Ley de Medios y el canal tenía que incorporar gente afín, profesional. Mi idea nunca fue volver a Sunchales, pero así se dieron las cosas. Estuve a prueba un tiempo prudente para darme cuenta si me sentía cómoda. Fue todo un desafío porque me tocó cubrir en muy poco tiempo eventos de muchísima relevancia y con personas de jerarquía.

Ese mes se transformó en dos, en tres, en un semestre y luego en un año. Conocí a mi marido y también trabajé en radio. Fue una etapa muy linda en mi vida.

– ¿Y cuándo empezaste a tener tu programa al mediodía?

– Después de un tiempo, cuando me animé a presentar un proyecto para hacer un informativo en ese horario, porque yo no entendía que la gente de Sunchales se entere de lo que pasaba en la ciudad recién a la noche. Entonces empezamos con “Informe 4” al mediodía, un mini programa de media hora que le daba el pie al noticiero central que venía a la noche.

El 8 de abril de 2002 se concretó un proyecto más sólido, con Carlos Pineda que en ese momento era coordinador del canal. Al principio fue “Mediodías con Marina”, pero le sacamos mi nombre después. Claro, cuando quedé embarazada me tuvieron que reemplazar algunos compañeros varones y no daba, quedaba medio colgado [Risas]. Aunque la gente le dice de las dos formas.

– La gente cuando prende el televisor al mediodía no dice “poné el noticiero”, dice “poné a Marina”.

[Más risas]. Esa es una de las cosas por las que más estoy agradecida, y me debo a la gente por tanto apoyo. Es lo que más rescato durante mi carrera en este medio: el reconocimiento. Siempre traté de seguir mis instintos, mis corazonadas. Siempre busco darle una vuelta de rosca a los contenidos, a las entrevistas, y siempre marcarle una impronta personal, sabiendo que los tiempos de televisión son breves. Y con respecto a eso te digo que me encantaría tener más tiempo para desarrollar mis notas.

– ¿Y no pensaste hacer un formato de televisión distinta?

– Sí, muchas veces. Me encantaría. Se titularía “A solas con Marina” [Risas]. Es más, no solamente pensado desde el punto de vista político, sino con invitados de todo tipo, con cualquier personaje de la ciudad.

– ¿Te gustaría formar parte de las hordas de Hijos del Pueblo, entonces?

– ¿A dónde firmo? ¡Por supuesto! Hablando en serio, yo creo que en cualquier profesión si no tenés ese fuego que te hace progresar, que te hace buscar ser alguien distinto, nunca marcás la diferencia. A sí seas un albañil, un arquitecto o un periodista. Es lo que trataba de inculcarles a mis alumnos cuando daba clases. No importa cuánto seas bueno en algo, la pasión y el compromiso que le pongas a lo que hacés va a hacerte diferente.

– ¿Cómo es Marina antes de salir al aire, detrás de las cámaras?

– Marina corre a mil por hora. Siempre apurada. Puedo estar maquillándome y arreglándome, y mientras lo hago estar sentada intercambiando preguntas con mis compañeros, poniéndome al día con lo que ha pasado y si existe alguna primicia a último momento para dar. ¡Producción y maquillaje al mismo tiempo! O en el mismo vivo, en los cortes comerciales, me podés encontrar coordinando entrevistas. Siempre pienso no en el hoy, sino en mañana. Trato de planificar mi semana, en forma ordenada. No me relajo en ningún momento, y a veces me doy cuenta de eso y busco frenar. Estoy todo el día chequeando noticias, navegando en portales digitales e informándome. Qué va, es la costumbre.

Fotografía: Javier Bovo
Fotografía: Javier Bovo

Periodismo y actualidad

– ¿Qué significa hacer periodismo en el 2016? ¿Cuánto influyen las redes sociales y lo instantáneo?

– Para contestar a eso primero tengo que ser autocrítica, porque yo me estuve resistiendo durante mucho tiempo. No quería saber nada con tener una red social, hasta que me terminaron convenciendo para empezar a trabajar con eso también. Creo que no hay que estar en el medio de la comunicación para darse cuenta de que hoy en día pasa todo por la inmediatez. De cualquier forma sostengo y soy defensora del cara a cara, de la comunicación como la que estamos teniendo en este momento, sin apuro. Me encantan las cartas manuscritas. Antepongo la oralidad a lo escrito. Por cuestiones de tiempo está perfecto que sea al revés, pero si puedo yo te llamo por teléfono antes de mandarte un mensaje de texto, por lo menos para que escuches mi voz. En fin, las redes sociales son una herramienta excelente y súper práctica, el problema aparece cuando ves cómo las usan las personas y para qué. El periodista legítimo, que es de raza, aunque escriba con un palo en la arena la gente va a creer en el mensaje que está dando. A lo que voy es que un comunicador no es mejor o peor porque use o no una red social, pero sí soy consciente de que complementa su trabajo. Tiene que ver con la persona y no con el medio con el que llegás a la gente. Yo sigo apostando al periodismo tradicional.

– ¿Y en Sunchales qué pasa con el periodismo? ¿Cómo es tu relación con los colegas?

[Se toma un tiempo para contestar]. Trato siempre de respetarlos a todos. Puedo coincidir o no en sus formas de hacer periodismo, pero siempre con respeto y si les sirve hacer periodismo de tal o cual forma, que bienvenido sea. Y si la gente lo escucha, lo sigue y lo lee, por algo será entonces.

– ¿Y creés que esas son formas de hacer periodismo que van hacia algún lugar en particular o son formas desordenadas, propias del tiempo en que vivimos?

– Creo que cada uno juega a su juego, de acuerdo a la empresa o al medio en el que trabaja. Fácil y sencillo. O si lo hace de manera independiente, también porque responde a sus propios intereses. Me parece que cada uno de los periodistas de Sunchales trata de hacer de la mejor manera su trabajo. Sí creo que es sumamente necesario que todos los que estamos en el medio seamos responsables a la hora de hablar.

¿Vos sentís que hay gente que no es responsable?

– Qué difícil respuesta. Creo que muchas veces no se dimensiona el poder que tiene el micrófono. Eso pasa. Y nosotros somos formadores de opinión, entonces creo que hay que tener muchísimo compromiso con esta profesión. Chequear mucho las fuentes de las cuales viene la información. Y tampoco marcar una opinión. Si bien creo que es imposible ser objetivos (como nos enseñan en la facultad), pero no tomar partido. Yo creo que el tiempo es el que da siempre la razón. Empezar puede empezar cualquiera, pero hay que ver quiénes perduran. Y lo que creo es que un periodista perdura siempre y cuando tenga credibilidad, que la gente lo elija para informarse.

– Mari, “Mediodías” tiene 14 años de trayectoria, ¿también tiene fecha de caducidad?

– ¡No! Mientras la gente me siga eligiendo para pasar sus mediodías, con muchísimo gusto lo seguiré haciendo. Me encantaría incorporar panelistas, tengo miles de ideas nuevas en la cabeza. Que haya humor, secciones especiales. Se está haciendo una apuesta fuerte en ese sentido en el canal, pero aún está en proyecto.

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Brisa, la perrita. Fotografía: Javier Bovo

Una tras otra

 

 

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