Fotografía: http://ar.marca.com

Por Iván Giordana

Vicente me pregunta dónde están jugando y yo le señalo la respuesta en el globo terráqueo que está sobre la biblioteca. El pequeño mira atentamente y concluye que si acá es de día allá tiene que ser de noche y vuelve a la carga para cuestionarme por qué esos chicos no están durmiendo. Le explico que lo harán una vez que haya terminado el partido y, medianamente conforme, opta por seguir dibujando.

Si no fuera porque Vicente tiene sólo cuatro años le diría que esos muchachos que aparecen en la pantalla –excepto uno- eran sólo niños cuando comenzó a germinar la semilla de este árbol que sigue dando frutos. Porque lo que hoy asombra al mundo del deporte no es -ni podría ser- casualidad, sino que es el resultado de un trabajo serio y continuo que, con el correr de los años y anteponiendo siempre lo grupal a lo individual, se transformó en algo superior; se  convirtió en una filosofía de juego, una Idea en sentido platónico.

Le explicaría también que hay un jugador más grande que papá que bien podría ufanarse de sus méritos y sentarse a esperar a que el éxito lo eligiera una vez más pero que sin embargo obsequia su sabiduría a los más jóvenes –bastante más jóvenes que papá- para que ellos sepan que a la Gloria no se llega por atajos. Y ellos, honrando los conceptos fundantes que reciben, ponen la dosis justa de frescura para que el todo sea uno.

Le revelaría, además, que al equipo también lo forman los que no entran a la cancha pero que permanecen despiertos día y noche estudiando las cartas de navegación.

Le diría, sencillamente, que si el domingo desayunamos a los gritos será porque nos sentimos orgullosos de haber visto a la Generación Dorada y poder disfrutar hoy de los continuadores de la leyenda.  Si el domingo revoleamos la camiseta será porque vemos en estos pibes –y no tan pibes- la materialización del sueño de todos los que alguna vez practicamos un deporte (más aún de los que en algún momento picamos una pelota). Si el domingo se nos cae una lágrima será porque encontramos en la selección de básquet la síntesis de lo que nos falta como Nación: humildad, sacrificio, tesón, constancia, templanza y ansias de crecer.

Vaya mi enorme agradecimiento para este equipo que enciende mis sentidos y que me acercó un grandioso  motivo para sentarme nuevamente a escribir.

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