Por: Conrado Bocco

A los pies de la inspiración, sobre semillas mis rodillas. Por el poder de los artistas, de los Dioses, de las fábulas, alcense letanías al clamor de las palabras. Plegaria a la corona de invenciones, al impacto de relatos, con poder de canciones. ¡Oh, llave de oráculos! Que no sea simple, ni se convierta en cotidiano. Que sean los cuentos sano asedio y molesto regocijo. Equilibristas del buen decir, de todo lo hecho, dejen lo bello, quiten lo malo. Juicio a los maestros de revoltosos espíritus, a la ouija literaria instamos sus almas. Venid alfombrada, ocurrencia de García Márquez, laberintos de Borges, resistencia de Sábato, oscuridad de Poe. Y de Cortázar, que hasta nosotros cabalgue el pulso de su prosa. Aunque de Cortázar nada nos esté al alcance. Lo sé, claro que lo sé. Querubines, fantasmones y magos de bosques encantados, damas con varas mágicas, dragones y la parafernalia circense de malabaristas con mil ideas, reclutarse, en la paella de comparaciones, metáforas y odas. Hermosa Polimnia, musa de la sacra poesía, haz de tus cantos bellos, bellos mis versos. Trasládate Apolo, y embriáganos con el fuego de otro revelador mensaje. Cruz de sal a tierra, señal de reporte sin demoras a los egipcios Nabú, Seshat y Thot. También Itsamná, inventor de las escrituras mayas. Bragi, nórdico hijo de Odín. Cuāuhtēmoc, águila azteca que desciendes, pósate al triángulo de la frente, entre la visión, el olfato y las emociones. Daremos todo para que la inspiración nos bañe. Iremos tras “Los asesinos” de Hemingway, resucitaremos a la espléndida “Ligeia” de Allan Poe, enjuiciaremos a los usurpadores de “Casa tomada”, y no estaremos “A la deriva” de Horacio Quiroga. Porque Bradbury lo profetizó, “Vendrán lluvias suaves”. Esperanzados y sin descanso peregrinamos, hacia pozos de agua, por el temible desierto de hojas en blanco. Con la alquimia de jarabes y brebajes, que aparezca el milagro final de las sequías y con frescura nos arrase el manantial de letras. En la vida como en las novelas, el pasado todo lo enseña a fuerza de dolores y experiencias menores. Con verídicas historias aprendimos, que después de la hambruna el sabor más reparador pertenece al bocado de una palabra. Siempre palabras, enlazando palabras, inspirando palabras, convirtiéndonos en pares, mejorando nuestras formas, apuntalando oficios. Para bien, o para mal, si algo nos humaniza son las palabras. A la babélica torre, por los Reyes de idiomas, lenguas y dialectos, y por los bufones del simpático lunfardo, que nunca nos falten gloriosas palabras.

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