Por: Fernando Calamari.

El origen del skate se dio en California durante la década de 1950 cuando algunos surfistas trasladaron sus prácticas deportivas en el mar a la tierra. En efecto, las playas constituían durante ese tiempo uno de los mejores lugares del mundo para surfear, principalmente en Huntington Beach, perteneciente al Condado de Orange. Otros sitios eran Malibú, Rincón Beach, San Clemente y San Onofre. Las largas olas del frío Océano Pacífico en esa zona eran muy valoradas para realizar maniobras en tablas huecas de madera liviana de balsa con fibra de vidrio.

Estilo “street”.

La inquietud y pasividad provocada ante la falta de oleaje para surfear hizo que se llevara la práctica del deporte marino a la tierra. Así se pudo ejercitarlo en tiempos de inactividad en el agua.

Para adaptarlo le pusieron a las tablas ruedas de patines. Se buscaban lugares con altura para bajar haciendo las maniobras aprendidas en el mar. Las prácticas generalmente se realizaban en espacios públicos, como rutas, calles y plazas y las llevaban a cabo mayoritariamente varones.

Muchos jóvenes y niños comenzaron a ejercitarlo, incluso construyeron sus propias tablas. Estas de a poco fueron evolucionando ya que se le incorporaron pequeñas elevaciones en sus extremos para facilitar levantarla y se le dio forma rectangular para un mejor control y diversificación de las maniobras.

Dentro de estos movimientos, el gran descubrimiento fue el “ollie”, el cual consistió que durante la marcha se golpeaba la parte trasera de la tabla en el suelo para que se elevara la punta y así se realizara un salto de aproximadamente 15 cm de altura. De esta manera había nacido el skate.

El desarrollo de las técnicas yde los materiales continuó su marcha. Dentro de las primeras se destacaron el nollie (elevarse con la tabla en los pies), el side (pasar sobre un borde raspando la tabla o sus ejes) y los grinds (saltos con equilibrio a obstáculos fijos como bancos, pequeños cercos y elevaciones de ladrillos).

Encuentro de skate en el Barrio SanCor entre sunchalenes y rafaelinos.

En las segundas se incluyeron a las tablas que se construyeron con varias capas de madera liviana para que sean más ágiles y resistentes a los golpes y a las maniobras, además se le agregó una cola con el fin de tener mejor maniobrabilidad. El uso de ejes en las ruedas le proporcionó una eficiente direccionalidad y control a la tabla. Su superficie era de lija para ayudar a la adherencia del pie y al mejor control, si bien desgastaba mucho la suela y los bordes de las zapatillas, principalmente en la zona de los “tres dedos” de la parte exterior porque en esta se domina y maneja la patineta. Por eso ese lugar del calzado fue reforzado.
Otro descubrimiento que le dio mayores características de riesgo y espectacularidad fue patinar dentro de piletas. Esto ocurrió durante una gran sequía por la cual se había prohibido llenar las piscinas para ahorrar agua.

Lo mismo sucedió con las ruedas de las tablas que dejaron de ser de metal y fueron reemplazadas por las de goma o de otros materiales más livianos para facilitar el desplazamiento y tener más velocidad, como el poliuretano. De esta manera se propició el surgimiento de una industria y comercio vinculado al skate, cuya popularidad y mercado crecieron de la mano en forma paulatina.

La difusión también se favoreció por la realización de campeonatos y por la aparición de revistas especializadas que contaban historias de patinadores y promocionaban tablas y sitios para patinar.

Proyecto de la pista de skate – Sunchales

Pero el inicio no fue auspicioso debido a los accidentes que se provocaban por las caídas, a tal punto que el skate tuvo en contra una mala difusión y fue prohibido. A pesar de esto, sus adeptos no se desanimaron y continuaron adelante, y a partir de finales de la década de de 1980 lograron resurgir.

En esto colaboró la utilización de mejores medidas de seguridad, como en los codos, rodillas y cabeza -ya protegidas en años anteriores-, y la construcción de pistas de cemento. Dentro de estas se hicieron distintos espacios para realizar diferentes maniobras, por ejemplo el clásico ollie, deslizarse por barandas y girar en el aire a la tabla despegándose los pies en la misma.
La moda también fue cambiando: de las camisas y los pantalones de jeans azules de la década de 1950 se pasó a las camisetas mangas largas, remeras mangas cortas, buzos y jeans de diversos colores. Lo mismo sucedió con el calzado porque se cambiaron las zapatillas de cuero o de tela por las de lona o de gamuza.

Todas estas características conformaron una identidad cultural de grupos que socializaban prácticas deportivas y modos de sentir la vida, donde sobresalía la sana competencia, el compañerismo y el gusto por el vértigo y la adrenalina, enmarcadas en la creatividad y en el esfuerzo que les daba placer. La renovación era una de las características porque era un deporte que evolucionaba y aceptaba desafíos diferentes.

Desde Estados Unidos se expandió a otros países bastante diversos, por ejemplo Francia, Australia y Brasil, a la vez que se profesionalizó impulsado por las marcas de tablas, ropa y calzado. En 1995 se creó la Asociación Internacional de Skateboard como consecuencia de su difusión mundial. La masividad y popularidad no tiene fin y gracias a ellas para los próximo juegos olímpicos en Tokio 2020 el skate será incluido.

Argentina no fue la excepción. Aquí llegó en los finales de la década de 1970 a la ciudad de Buenos Aires y se favoreció por la apertura de las importaciones que permitieron el ingreso de tablas a bajo costo.

Pero el encarecimiento de estas y la ausencia de una industria nacional asentaron un duro golpe a su práctica, al igual que las críticas por sus riesgos y usos de espacios públicos, además de la falta de pistas. Esta situación se revirtió luego de la crisis económica del 2001 porque se dio su renacimiento y se pudo alcanzar su pico máximo de crecimiento.

Esto se debió a la bonanza económica y el apoyo de gobiernos de diversa jurisdicción que fomentaron su auge. Su difusión se extendió a otros lugares de nuestro país, como La Plata, Mar del Plata, Rosario, Santa Fe, San Nicolás, Córdoba, Neuquén y Jujuy. Esto hizo que casi medio millón de personas que lo practiquen, siendo la mayoría jóvenes y varones.

La globalización a través de los medios masivos de comunicación y las redes sociales realizaron un aporte fundamental a dicho impulso porque se podían ver torneos y exhibiciones nacionales e internacionales, a la vez de disponer de información de los protagonistas.

En 2003 surgió la Asociación Argentina de Skate, la cual reflejó su crecimiento y expansión en todo el territorio nacional, en donde se hicieron pistas públicas (casi todas) y privadas y la realización de torneos amateurs (la mayoría) y profesionales.

En Sunchales el skate se vio por primera vez en 1995 cuando un cordobés de paseo en la ciudad usó su patineta. Pero eso se vio como algo “lejano” que se practicaba en las grandes ciudades. En ese tiempo dos chicos de aquí tenían la bicicleta motocross BMX que se usaba para deporte extremo.

A algunos les gustó lo que vieron y se armó un grupo de adeptos que en el 2010 iniciaron su práctica. Dentro de esa “barra” estaban Luciano, Diego y Nicolás Pavetti, quienes comenzaron a vender en su casa algunas tablas traídas de Córdoba por encargo.

De a poco se fue extendiendo y a hacerse más conocido, con más cantidad de participantes. La buena marcha de las ventas hizo que los Pavetti abrieran el negocio Urban Roots (raíces urbanas), primero sobre la Avenida Belgrano y luego en la Yrigoyen. De la mano de la comercialización no solo del soporte para patinar sino de ropa y calzado, se fue conformando y desarrollando el skate. Así, aquellas raíces se arraigaron en una parte de la juventud sunchalense.

La tabla es el vínculo de unión en donde se respetan los diferentes estilos de modas. Se puede usar aquél que está vinculado al skate, como gorras con visera plana, ropa de muchos colores -al igual que las zapatillas- con diseños relacionados al surf, a las playas, al mar y al propio deporte, en donde coexisten marcas nacionales y extranjeras.

Pero también se utiliza otro estilo propio de la vida cotidiana y de acuerdo a las preferencias personales. La música es compartida en forma común, destacándose el rock, el punk y el hip-hop, entre otros géneros.

Esta comunidad urbana consolida sus lazos y sus valores mediante entrenamientos y exhibiciones de sus destrezas en un marco de sana competencia porque no existe la rivalidad, se aplauden los éxitos y se comparten las enseñanzas y las experiencias, generándose amistad entre los seguidores. Esto es doblemente meritorio porque es una avanzada en la lucha contra los problemas que se generan cuando los jóvenes son atrapados por la calle ante la ausencia de motivaciones y expectativas de inclusión social.

Como consecuencia de esto, en 2012 nació la Asociación Sunchalense de Skateboarding. Esta institución es civil, sin fines de lucro y tiene personería jurídica. Está conformada por un cuerpo directivo constituido por varios cargos elegidos anualmente entre los asociados: presidente (el actual es Diego Pavetti), vicepresidente, secretario, tesorero y revisor de cuentas y los temas tratados quedan registrados en las actas. La escases de integrantes hace que los mismos roten en la ocupación de los cargos.

Izquierda: Alexandro Rosales, derecha: Fabricio “Fachi” Maccario.

Sus objetivos consisten en organizar a través de una entidad formal y legal la práctica del skate, rollers y bike BMX y difundir su uso, por ejemplo a través de capacitaciones, exhibiciones y torneos.

Además se articula con entidades públicas o privadas para fomentar a estos deportes. La financiación es con recursos propios, como el pago voluntario de la cuota social, la venta de pollos asados, la publicidad de marcas relacionadas al rubro e incluso la contribución de dinero por parte de los propios deportistas. Una ayuda muy importante y necesaria es el cobro de un subsidio por parte del gobierno provincial y la colaboración del la municipalidad para organizar eventos, como la prestación del equipo de sonido.

Todas estas costumbres urbanas incluidas en la asociación refleja el crecimiento de nuestra ciudad y la presencia de un sector de la misma con necesidad de realizar deportes no tradicionales como el fútbol o básquet.

Pero al igual que en otras partes, el problema fue que el ejercicio traía complicaciones de seguridad para sus adeptos y los transeúntes porque se ejercía en espacios públicos, por ejemplo en la calle y en la plaza. Incluso los inspectores municipales labraban actas a los patinadores y estos debían presentarse ante la jueza de faltas, quien ejercía su función pedagógica y no recaudatoria para resguardar la integridad física.

A medida que el skate se fue haciendo más conocido, se dejaron de lado los prejuicios y sus practicantes demostraron seriedad y respeto. Como consecuencia de esto, las persecuciones finalizaron.

Técnica: “ollie”.

Pero el uso de diferentes lugares de la ciudad refleja la falta de un espacio propio. Este debería ser una pista pública de pequeña escala de 315 m aproximadamente acorde con las exigencias y medidas de seguridad requeridas, por ejemplo bowls, rampas curvas y rectas, barandas y parapetos de cemento.

Para su concreción, la asociación trabajó conjuntamente con su similar de Córdoba y con el Concejo Municipal. La primera dio asesoramiento para la confección del plano y el segundo elaboró el proyecto de ordenanza para su construcción que se localizaría en el Parque San Ignacio de Loyola.

En este lugar se levantaría un espacio público deportivo y cultural referido a las tablas, rollers y bicicletas aludidas. Esto diversificaría y potenciaría dichas actividades y sería de gran valor social para la comunidad porque integraría y contendría a un importante sector juvenil que viene creciendo en sus destrezas a la vez que le ocasionaría a nuestra ciudad convertirse en un lugar de referencia zonal que se podría articular a la red regional y nacional de estos deportes.

Si bien el proyecto de ordenanza contempla al mencionado parque, también se tiene en cuenta como sitio alternativo al Centro de Educación Física ubicado en la calle Güemes ya que el predio en donde se podría hacer la pista es de menor extensión que el céntrico.

Pero el elevado costo económico debido a los materiales a utilizar y el movimiento del suelo para alterar su relieve plano -en el 2015 una empresa bonaerense presupuestó $ 620.000- y la falta de articulación y de decisión entre los poderes públicos y privados impiden la cristalización del importante proyecto. Sin embargo, en términos de inversión social y cultural, los beneficios exceden ampliamente a los costos materiales.

Técnica: “nollie”.

La situación económica actual también perjudica al skate debido a los altos costos de los productos importados y a la caída del consumo de artículos tanto extranjeros como nacionales. En este sentido y tomando el caso de las patinetas, desde Estados Unidos llegan las de madera canadiense “maple”, cuyas propiedades hacen que sean muy livianas y en Argentina se fabrican las de guatambú, de buena calidad.

Mientras tanto, el skate se realiza en los limitados espacios de la ciudad. En forma regular se obtiene el permiso de la municipalidad para llevar a cabo exhibiciones en calles debidamente cerradas al tránsito, por ejemplo en la Güemes. Incluso una vez al mes se encuentran en la plazoleta Renacer del Barrio Sur como forma regular de exhibición.

Otra fuente de apoyo es la vecinal del Barrio Moreno y SanCor para que se haga skate. En estos encuentros participan skaters de ciudades vecinas, por ejemplo de Rafaela y San Francisco, en las cuales si se hizo una pista de skate y bikes (bicicletas).

Otra manera de desarrollar su práctica es la asistencia a eventos y competiciones en otras ciudades, como Rafaela, Rosario, Buenos Aires, San Francisco y Santa Fe. Pero la falta de una pista propia ocasiona una gran desventaja para los patinadores sunchalenses ya que carecen de un lugar apropiado para entrenar. Esta ausencia también provocó la desmotivación para que se haga skate y es otro factor -como la crisis económica aludida- de que en la actualidad disminuyera el número de seguidores.

Alexandro Rosales y Fabricio Maccario son los máximos referentes del sake local. El primero es el que más tiempo lo practica (10 años) y el segundo 6. Ambos tienen mucha dedicación para entrenar. Estos muchachos aprendieron solos, mirando tutoriales en youtube y a base de prueba y error paulatinamente fueron mejorando y agregando trucos de diferente variedad y complejidad.

El estilo de ellos es el “street” (calle), que es el más popular: patinan en veredas, rampas y cordones de la ciudad. Los ídolos profesionales, como el estadounidense Paul Rodríguez y el argentino Milton Martínez, son una fuente de admiración y ganas de superación personal. En sus palabras se refleja el sentimiento de libertad e ingenio: “Subís solo a la tabla y vas creando”. Sus expectativas son que el skate tenga mayor difusión y apoyo del público, además de que se concrete el proyecto de la pista.

Se entrenan en los pocos lugares disponibles, como calles o plazas que tengan una superficie plana. El pasillo del la casa de Fabricio es otro sitio de patinaje. A pesar de las serias limitaciones de infraestructura sobresale la pasión y gusto por este deporte, en continua lucha para que no sea solo una moda o furor pasajero.

Técnica “side”.

Así transcurre la vida social y cultural de una parte significativa de la juventud sunchalense, donde las suelas de las zapatillas gastadas por el cemento y algunos esguinces, raspaduras o moretones provocados por la práctica intensa y cotidiana del skate, van conformando una identidad de la ciudad a medida que se hace rodar y volar con destreza y elegancia a la patineta.

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