Luis María Bravo, el nombre propio detrás de “Móvil Quique”, protagonizó hace un par de años un fenómeno de implosión digital. Sus artículos de temáticas policiales, aunque con cuantiosas fallas gramaticales, se volvieron increíblemente virales en un lapso muy corto de tiempo, catapultando su popularidad en igual medida. Pero, ¿cuánto se conoce a la persona detrás del medio? ¿Qué hay detrás del “extraoficial”?

Por: Cristian Malano.

“Perfecto, hacemos la nota. Lo único, si surge cualquier eventualidad vamos a tener que cortar la charla”. Las palabras salieron de la boca de Quique Bravo, quien personificó hace algún tiempo una arremetida virtual que lo llevó a contar seguidores de Facebook de a miles.

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Fotografía: Guillermo Reutemann.

INTRODUCCIÓN NECESARIA

Debo admitir que hacía bastante tiempo tenía su nombre anotado en mi agenda y, víctima de trillados prejuicios, lo fui dejando relegado en esta sección. Si realmente el estilo de periodismo que proponemos desde Hijos del Pueblo es antagónico al suyo,  ¿por qué realizar una entrevista entonces? ¿Difundir es avalar? Bueno, ni por asomo. La idea era conocer a la persona detrás del medio. Hablar de frente y a las claras.

Para contextualizar este caso en particular podría exponer largo y tendido, pero no es mi deseo ser demasiado académico. Una realidad innegable es que la llegada del periodismo 2.0 posibilitó el surgimiento de nuevas formas y nuevos intermediarios. Ya nadie es consumidor de medios, hoy en día se habla de prosumidores, de usuarios que a partir de su experiencia con éstos producen contenidos de autoría propia y tienen a disposición miles de herramientas para replicar y plantar posturas que antes no podían porque no tenían el espacio. Estos nuevos modos, a su vez, generaron nuevos roles y, literalmente, revolucionaron el mundo de la comunicación.

Es también conocido como “periodismo ciudadano” y tiene entre sus principales causas la democratización de internet. No es nada nuevo lo que digo, pero vale la pena que lo analicemos un segundo. Todo es dinámico, escurridizo y fugaz. Con la misma intensidad con la que algo se vuelve viral, desaparece, se olvida, porque da paso a otra novedad y el círculo continúa.

Un tweet es mucho más rápido que la mejor agencia de noticias del mundo.

Móvil Quique no queda exento a estos conceptos y es, de hecho, una clara ejemplificación del rumbo frenético que pueden tomar las cosas.

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Fotografía: Guillermo Reutemann.

LA ENTREVISTA

Su modesta oficina fue el marco de una conversación amena, sincera en algunos pasajes y sin ningún tipo de sobresaltos en ambos lados. Me recibió serio, con un mate tibio y un pequeño cartel adherido a la pared que hacía alusión al medio de comunicación que lo tiene de amo y señor absoluto. Insistía en no tener mucho para decir, pero con el correr de los minutos expuso frases muy sugerentes. Su voz era de tonalidad grave y sus gestos tranquilos, siempre pendientes del teléfono celular.

quique3– ¿Cuándo te diste cuenta de la magnitud del impacto que generaban tus contenidos?

– Es que no aún no me doy cuenta, sinceramente te digo. El impacto lo podés ver vos desde afuera. Lo que pasa es que hay que entender una cosa: lo mío es algo demasiado casero. Mi principal informante es la gente. Yo después replico. Así nació y así va a seguir, gracias a las redes sociales, que incluso tampoco las manejo del todo bien.

– ¿Pero cómo empezó todo?

– Empecé a estar en los medios de comunicación en la ciudad de Rafaela, y después de trabajar en una empresa de allá me ofrecieron venir a Sunchales y lo hice por dos motivos: para volver a la radio y para estar cerca de mi viejo, que estaba pasando por un momento muy delicado de salud. Yo hacía móviles en directo para Radio FM 88.9mhz “Ciudad”, cubría hechos de toda índole e iba compartiendo el contenido en mi cuenta personal de Facebook. Eso fue impactando en la gente, sobre todo los policiales. De a poco y sin ninguna intención más que informar fui generando mi propio medio, al principio con 250 amigos en un perfil personal, y nada más. La explosión vino luego con algunas cosas que pasaron, de golpe recibía cientos de solicitudes y cuando me di cuenta ya había llegado a las 5000 personas, el límite, y tenía 2700 solicitudes a la espera. Eso habla a las claras de lo que la gente buscaba, que era informarse al instante.

– Decís que tu informante es la propia gente, ¿y cómo hacés filtrar todo eso que te llega?

– Debo reconocer que al principio y en muchas oportunidades, me apuré demasiado. Por desconocimiento más que nada, no con mala intención. Me metí en el barro sin saber que era barro. Siempre utilicé la palabra extraoficial, pero ahora trato de frenarme un poco más y me guardo cierto tipo de información.

– “Extraoficial” ya es como un eslogan.

– Claro, para aclarar. Con el tiempo tuve que empezar a ser más real y concreto con lo que ponía. Tampoco doy nombres de personas y eso a mucha gente le molesta, pero así trabajo yo. Creo que encontré un lugar en el momento en que las redes estaban explotando en cuanto a usuarios. Mi hermano es abogado penalista, y siempre estoy buscando asesoramiento con él. Aprendo mucho de sus consejos, es periodista también, corresponsal.

– ¿Y vos tenés alguna formación?

– No, es  que te repito, lo mío es muy casero. Sinceramente, la computadora que tengo en frente se la compré usada a un familiar mío porque no tenía una en casa y hoy es mi herramienta de trabajo indispensable, junto con el celular.  Ahora por ejemplo estamos charlando y no sonó ni una vez el teléfono, pero hay días en que suena mucho. Hace un tiempo, con una ola de robos que hubo en la ciudad, la gente empezó a estar atenta a lo que pasaba a través de mi página y así fue como se dieron las cosas.

– ¿Tenés pensado capacitarte? Lo pregunto porque veo que los artículos, gramatical y periodísticamente hablando, fallan en muchos aspectos.

– Me encantaría capacitarme. Tengo 43 años, no digo que estoy viejo, porque no lo estoy, pero no me veo trabajando en ninguna empresa. Actualmente estoy con muy poco tiempo libre, debo mantener la página, y estoy solo. Eso cansa también. Con el tema de los errores, bueno, soy muy consciente de eso. La cantidad que hay. Por eso trato de aclararlo siempre. En Lengua fui un desastre siempre: los acentos, las comas. Me recomendaron que busque alguien que redacte por mí, pero hoy en día no puedo enfrentar económicamente eso. Obviamente que quiero mejorar en el aspecto gramatical, pero todo tiene que ver con lo mismo, salió desde un punto de vista muy casero y la gente lo consume de esa forma.

– ¿Y con los colegas cómo te llevás?

– Supongo que bien, somos todos compañeros. Siento que hay mucho respeto.  Si me piden información siempre estoy a disposición.  Ellos saben que yo me manejo por mi cuenta, y tengo un estilo particular.

– ¿Qué creés que piensa la gente de vos?

– No tengo idea de eso. Sé que hay algunos que no aceptan lo que estoy haciendo, pero por otro lado hay mucha gente que sí. Al tener información no oficial es difícil de creer. Yo constantemente llamo a la Guardia Urbana y a las fuerzas de seguridad pero no dan información a los medios. Antes  sí, pero actualmente no. Entonces no me queda otra que, si quiero informar, hacer mi propio camino. Hablo con vecinos, testigos, y también tengo mis contactos.

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Fotografía: Guillermo Reutemann.

Me fui con la certeza de haberme llevado lo que fui a buscar. Mi entrevistado supo abrirse a mis preguntas ¿Representa a un medio controvertido? Claro que sí, no guardo ningún tipo de dudas, y no creo que alguien las guarde. Sin embargo, es coherente pensar su situación como un fenómeno social de alto impacto comunicativo para nuestra ciudad. (La autocrítica va primero, ¿a quién recurre la gente para enteraste al instante de cualquier tipo de siniestro? ¿quién alimenta la máquina?). Y cuando hablo de fenómeno social, me refiero a la mismísima y filosófica experiencia de vida. Debemos comprender cabalmente el término para desgranarlo en el ejemplo que hoy estudiamos. Cómo y con cuánta intensidad la conducta de un individuo afecta al resto que compone la sociedad, y de igual forma a la inversa: cuánto nos condiciona el comportamiento colectivo a cada uno de nosotros (“Hago lo que todos hacen”).

Es un tanto complejo y rebuscado, pero quizá sirva para entender por qué el artículo récord de la página web de Quique Bravo alcanzó las 56.262 visitas.

No ampliaremos.

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