Por Fernando Calamari

En 1895 se proyectó por primera vez imágenes en movimiento en Francia. Los inventores fueron los hermanos Louis y Auguste Lumiére, quienes perfeccionaron el aparato denominado kinetoscopio ideado por el estadounidense Thomas Edison. El dispositivo del americano proyectaba imágenes individuales y la de los europeos lo hacía en forma grupal.

El aparato denominado cinematógrafo se basó en la forma repetitiva que tiene la retina humana de las imágenes. De esta manera nació el cine. Las primeras películas retrataban aspectos reales y de la vida cotidiana, documentando diversas escenas filmadas en exteriores, por ejemplo obreros en “Las salida de la fábrica” de Lumiére.

Esta fue la primera película de la historia, se filmó en Lyon y duró 46 segundos. Registró el fin de la jornada de hombres y mujeres en el centro fabril francés. Los protagonistas eran trabajadores reales, si bien sabían que estaban siendo filmados -lo cual le quitó espontaneidad-, fue un documento social.

Escena de la primera película del mundo aludida a los trabajadores. Fuente: Diario El País de España.

Otra variante cinematográfica consistieron las grabaciones en interiores. Los Lumiére produjeron 1500 películas, demostrando su aspecto visionario y optimista de la cinematografía no solo como aspecto cultural sino económico ya que se cobraba para ver las proyecciones.

En efecto, luego de exhibiciones científicas en universidades para divulgar y analizar el invento, a fines de ese año se proyectaron 10 películas de menos de un minuto de duración, pagándose un franco en el sótano del Gran Café de París. Así se concretó la primera proyección con público.

Contemporáneamente, otro francés, Georges Meliés, agregó el carácter ficticio al cine. Así, las películas también podían tratar temas no reales. Tanto los documentales como las ficciones le otorgaron el atributo de inspirar y reproducir modelos culturales.

Contribuyó a la socialización a través de compartir grupalmente con desconocidos imágenes ajenas y sentir en común emociones. El ambiente cerrado y oscuro, iluminado por la gran pantalla, impregnó “magia” en la sala. Se observaba la mirada del director sobre determinados temas plasmados artísticamente por los protagonistas y la fantasía se apoderaba de los espectadores. Paulatinamente, fue motivo de citas amorosas y salidas de parejas, amigas, amigos, familiares o individuales.

La buena recepción del público fomentó la expansión mundial, surgiendo compañías francesas, británicas y norteamericanas, como la United Artists. La profesión de crítico de cine fue otro aspecto que reveló la valoración de esta manifestación artística.

En 1903 se extendió la proyección a 12 minutos gracias al estadounidense Edwin Porter. Además organizó la filmación en la dirección y el montaje y agregó la temática del lejano oeste. De esta manera, trató un tema del pasado.

Tres años después, el caricaturista inglés L. Stuart Blackton pasó una sucesión de imágenes en forma rápida y así creó los dibujos animados, constituyéndose en años posteriores el ratón Mickey de Walt Disney como una de sus máximas figuras. En 1907 apareció Hollywood (Los Ángeles) para la realización de películas por su buen clima, diversidad de paisajes y lugar de bajo costo para los productores de largometrajes. Estos atributos lo convirtieron en el centro mundial de la cinematografía.

En ese tiempo el cine era mudo, siendo sus relevantes estrellas el comediante inglés Charles Chaplin, el galán italiano Rodolfo Valentino y la sensual sueca Greta Garbo. Esto manifiesta que el cine creaba figuras que se convertían en símbolos para amplios sectores de la sociedad.

Los géneros eran la comedia, el romanticismo y la acción. A partir de la segunda década del siglo XX, en el país del norte apareció el sonido y nuevos colores, denominado tecnicolor. Esto agregó otro ingrediente de atracción.

Las escenas de sexo y los escándalos -como droga y violencia-, de algunas de sus figuras, tanto masculinas como femeninas, consistieron otros elementos de interés para los espectadores. Esto se potenció con los “escándalos” en la vida de las estrellas, por ejemplo divorcios e infidelidad.

Así, lo privado se convertía en público y temas superficiales y chismosos eran de mayor interés que problemas estructurales y complejos de la sociedad. Los medios de comunicación de masas potenciaron esta orientación rentable para ellos debido a la alta demanda a la vez que eran instrumentos del poder para desviar la atención de los ciudadanos.

En 1929 la Academy of Motion Picture Arts de Estados Unidos entregó premios a la comunidad cinematográfica. Este galardón se conoció popularmente como Oscar debido a que una actriz de ese país vio parecida la estatuilla a su tío del mismo nombre.

La política también influyó en el cine. Una de las obras cumbre fue el Acorazado Potemkin, dirigida en 1925 por el soviético Sergei Eisenstein, que reflejó un hecho real de la Revolución Bolchevique en Rusia. Su técnica sobresaliente era el montaje de superposición de planos rápidos y mostraba la misma escena desde distintos ángulos, lo cual alargaba y destacaba con dramatismo una escena principal. Este método influyó en el cine por su innovación.

La politización se profundizó con Adolf Hitler, quien utilizó el cine en la cultura de masas para realizar propaganda política de su régimen. Las manipulaciones que provocaban censuras, listas negras, difamaciones y encarcelamientos, convirtieron los sueños en pesadillas. Estas prácticas se realizaron en diversos países en distintas épocas y demuestra la influencia de este arte en el adoctrinamiento oficialista de la sociedad.

A pesar de esto, la divulgación y popularización continuaron. En este sentido, a fines de la década de 1930 se filmaron más de 2000 películas en todo el mundo. Muchas de ellas forman parte de la historia del cine, como “Lo que el viento se llevó”, referida a la guerra de secesión norteamericana.

En ese decenio aparecieron King Kong y la mona Chita como protagonistas. El primero era un gorila gigante ficticio e inspiraba fuerza  y rebeldía, mientras que la segunda fue un chimpancé macho que reflejaba alegría y ternura, entre otros atributos. Los dos se convirtieron en mitos del cine. Esto evidenció la utilización de animales para diversificar sus temáticas -principalmente en el género de aventuras-, y atraer espectadores.

La imaginación no tenía límites y todo era posible. En un set de filmación o en exteriores se podía recrear cualquier época de la humanidad, como el antiguo Egipto o la Edad Media. Incluso se realizaban ambientaciones fantásticas, por ejemplo la vida en otros planteas o viajar en el tiempo.

Las grandes escenografías, cantidad y calidad de actores y actrices, extras, vestuarios deslumbrantes y pomposos, animales y plantas exóticas,  potenciaron el fomento y esplendor de la cinematografía. Por estas características fue denominado “séptimo arte”, concepto que expresa la creatividad artística del ser humano.

En nuestro país el cine fue bien recibido por causas similares que en Europa y otros países de América, tal el caso aludido estadounidense y México. La primera cinta que se vio fue en 1896 en el Teatro Odeón de Buenos Aires. Diversas producciones de ficciones y documentales encaminaron el cine nacional mudo, destacándose el italiano Mario Gallo como uno de los pioneros. La afirmación de la senda de su crecimiento ocasionó que en la segunda década del siglo XX se filmaran temáticas históricas, por ejemplo la Revolución de Mayo. Incluso se hizo el primer dibujo animado El apóstol y tenía el objetivo político de caricaturizar al presidente de origen radical Hipólito Yrigoyen. Además se subtitularon producciones internacionales, lo cual fomentó este arte.

Antiguo Proyector de Cine Bloomfield de 35 mm de Estados Unidos expuesto en el Archivo General de la Nación en Buenos Aires.

Posteriormente, en 1933 se creó la empresa Argentina Sono Film y se filmó la primera película sonora. Aparecieron estrellas como Libertad Lamarque, Tita Merello, Niní Marshall, Carlos Gardel, Hugo del Carril  y Luis Sandrini.

Las películas nacionales competían exitosamente con las extranjeras por su calidad y aceptación. Por lo tanto, surgieron nuevos estudios, directores, escenarios, laboratorios, actrices -como Mirtha Legrand-, inversiones y comercialización nacional y latinoamericana. Películas emblemáticas fueron “Los muchachos de antes no usaban gomina” de 1937, cuyo argumento residía en un drama referido a pautas sociales matrimoniales, y “La Guerra Gaucha” de 1942, que trataba la independencia argentina. Esta fue la época dorada del cine en blanco y negro.

El Estado, principalmente peronista, promocionó la industria cinematográfica -generadora de trabajo y desarrollo económico y cultural-, y la utilizó políticamente a su favor. En este sentido, muchas actrices y actores opositores no podían trabajar.

Esto lo padeció Niní Marshall porque había criticado y burlado en forma privada a Evita. Esta última sufrió lo mismo por represalia ya que era la pareja de Perón en el momento en que este renunció a su cargos políticos en 1945, previo al 17 de Octubre y resurgimiento de la figura política del entonces coronel. Como contraposición, ese gobierno consideró bien social el acceso al cine.

Las primeras proyecciones de películas en Sunchales se hicieron en la Sociedad Italiana en 1909. La entidad realizó un acuerdo con el dueño de una máquina proyectora para exhibir films en su salón social. Las funciones estaban dirigidas a toda la comunidad a cambio del pago de una entrada.

Salón de la Sociedad Italiana “Alfredo Cappellini”. Primer cine de Sunchales. El escenario en donde se proyectaban las películas tenía un telón rojo y la iluminación se hacía con lámparas de bujías. Esto evidencia el desarrollo cultural y tecnológico de la comunidad a través de la institución.

De esta manera el cine en el pueblo fue contemporáneo a la difusión nacional de esta manifestación artística. Se convirtió también en una oferta cultural de la localidad y fuente de recursos para la institución étnica.

Película de aventuras de Estados Unidos exhibida en el Cine Plaza. Fuente: El Comercio. Semanario noticioso e independiente, Sunchales, 6 de febrero de 1932.

A fines de la década de 1920 funcionaba el Cine Teatro Moderno, propiedad de Caglieris y Minardi e hijos. A principios de la década de 1930 estaba el Cine Plaza de Actis y Panero. En 1936 continuaban dos salas: el Cine Plaza y el Cine Teatro Avenida (ex Cine Teatro Moderno).

Cine Teatro Moderno, ubicado en avenida Independencia y 1° de Mayo. Las dimensiones del edificio y el sitio céntrico manifiestan la importancia de las actividades desarrolladas. Fuente: El Comercio. Semanario noticioso e independiente, Sunchales, 13 de junio de 1931.

Sus veladas se hacían los sábados y domingos. Según crónicas de la época asistía numerosa concurrencia. Esto manifestaba la aceptación de una parte de la comunidad y la disponibilidad de recursos económicos para su acceso. Además, reflejó la acción pionera de los inmigrantes italianos para la llegada y difusión del cine como integrante de la cultura.

Película romántica argentina exhibida en el Cine Avenida. Fuente: Semanario La Lucha, Sunchales, 13 de marzo de 1938.

La prensa local y de la capital santafesina hacía publicidad de las películas exhibidas, comentando las características del guión. Las dos informaban a la comunidad y la segunda además referenciaba culturalmente a Sunchales en el territorio provincial.

El Semanario El Eco de Sunchales en 1930 promocionaba la película con elaborada prosa de la siguiente manera: “La más grandiosa y temeraria de sus creaciones, llena de emocionantes pasajes, donde el famoso actor encuentra lugar para desarrollar sus grandes dotes de artista arrojado. Un hermoso drama donde el espectador experimenta una emoción por minuto. Su gran argumentación, unido a la magna actuación de Harry Piel, hacen que este film conmueva al espectador, el que puede apreciar los espeluznantes saltos y pruebas que se repiten a cada instante.”

Se difundían películas de actualidad norteamericanas y nacionales de acción, aventura, comedia y romanticismo. Estas características fílmicas manifestaron que Sunchales formaba parte del circuito comercial cinematográfico.

Sin embargo, el cine tenía una connotación elitista. Así se infiere de crónicas de la época y testimonios. En el primer caso, en 1928 el Diario El Orden de Santa Fe afirmó que en las funciones “Se dieron cita casi todas las familias caracterizadas de Sunchales.”

En el segundo caso, y ratificando al primero, Roberto Somadossi relató en la revista “DNI, La identidad del ser sunchalense” que “La gente pobre, trabajadora, no tenía cabida en ciertos lugares, por ejemplo, el cine. Empezaba a las nueve de la noche, pero hasta que no llegaran los jerarcas del pueblo, no comenzaba la función.” Es probable que el valor de la entrada, por más mínimo que sea, no era accesible para los sectores populares, o bien estos preferían economizar y utilizar el dinero de una entrada para otros fines.

Finalizando esta breve reseña, y haciendo foco en Sunchales, se resalta que el cine formó parte de la localidad y manifestó que era un bien cultural. A pesar que estaba restringido a un determinado sector social, pudo estar presente entre principios y mediados del siglo XX gracias al emprendimiento privado, infraestructura y público.

 

Comentá con tu usuario de Facebook

Dejar respuesta