Leonardo Maccari logró detener el transcurso del tiempo. Y no sólo eso. Lo consiguió desde el patio de su casa. Como si un fragmento de mundo hubiese quedado allí sin querer, congelado para siempre. Y ese estancamiento metafísico del que hablo se ha propagado en el ambiente y les aseguro que se trata de un virus benigno. El patio de Leonardo Maccari está escondido en la pausa del universo.

Por: Cristian Malano

Guillermo no está haciendo su trabajo. Su cámara ha quedado sobre la mesa y él está parado en una silla que cruje y se tambalea peligrosamente. Intenta alcanzar algo. Me acerco y observo una docena de cámaras fotográficas antiguas, exhibidas de frente. Lleva la mirilla de una de ellas a su ojo derecho y apunta hacia donde estoy: “Dale, decí whisky”.

Mientras tanto, el dueño de casa, mi entrevistado, está terminando de acomodar una mesita redonda con algo de decoración y tres sillas para comenzar la charla. Con esa simple acción –y con una iluminación amarilla muy opaca- ha creado una dimensión paralela, única y bella, casi de bar de época me animaría a decir. Claro, nos cuesta horrores sentarnos porque cada objeto dispuesto en aquella galería es una nueva pregunta que usualmente empieza con “¿y esto qué es?” y termina con un repaso socio-histórico de la civilización mundial.

Quienes lo conocen sabrán que la sencillez de Leonardo para hablar es descomunal, pero su tono de voz se imposta un poco cuando advierte que la luz roja del grabador está encendida. Prueba componer frases hechas. Al principio lo logra, pero a medida que ambos vamos sumergiéndonos en la conversación su tono vuelve a ser natural, y ahí aprovecho para extraer la savia que vine a buscar a su casa, entre medio de tantas reliquias históricas. Es de esas personas que no necesitan tantas preguntas para dar en el clavo con lo que necesito.

Ahora sí se escucha el obturador furioso de la cámara de Guille que cierra y abre una y otra vez. El resultado de su trabajo es estupendo. Todo está en orden. Quiero conocer a mi interlocutor.

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Fotografía: Guillermo Reutemann

De sus inicios

– Parece que volvimos en el tiempo… ¿en dónde estamos?

En un principio te diría que estamos en un “ramos generales”. ¿Sabés lo que era un ramos generales? Un comercio de hace muchos años que como el nombre lo dice, vendía de todo. Desde botones hasta autos nuevos. Mi idea es que esto se convierta en una despensa antigua, que ayude e invite a que el visitante se lleve una idea general de lo que era ese lugar. Este mueble que ves atrás nuestro pertenecía a un ramos generales. Estamos hablando de 1940 aproximadamente, eh. Tengo muchas ideas en la cabeza, algunas que fui concretando y otras que quedan por hacer.

– Pero vayamos al principio de todo, ¿cómo y cuándo empezó esto de juntar cosas?

– Hace varios años ya. Unos 30 te diría. Vengo de una familia que siempre me inculcó la valoración de lo antiguo, esto de preservar los bienes que uno tenía en su momento. Y quizá venga de la mano de mi madre y de mi abuela. Pero también creo que es una pasión muy propia, de la curiosidad que siempre tuve desde chico. Empezó con una pequeña colección de llaves antiguas, me acuerdo que me llamaban mucho la atención las formas y los tamaños, pero claro, yo tenía algo así como 11 ó 12 años y a esa edad es normal la curiosidad en los chicos.

– ¿Las llaves fueron tu primera colección?

– Sí, junto con las fotos de cantantes. Siendo todavía muy chico tenía el hobbie de coleccionar fotos de artistas que venían a actuar a los clubes de Sunchales, a Libertad y Union. Porque acá se hicieron eventos musicales muy importantes. El de 1973, por ejemplo, el “Sunchales es folklore”, en el cual el viernes, sábado y domingo vinieron cinco artistas de primer nivel, por día. Quince artistas en total. Cada show hizo que yo vaya conociendo a muchísima gente y mi colección creciera bastante. Pasó el tiempo, aquellas fotos las fui guardando y formé grandes relaciones con muchos artistas. Hoy en día tengo más de 400 fotos de cantantes, una gran parte autografiada, incluso de personas que ya han fallecido.

– ¿Y cuándo fue el salto? ¿Cuándo dejó de ser sólo un pequeño hobbie?

– Nunca hubo un salto. Todo lo que ves ahora se fue dando muy paulatinamente. Cuando tomé conciencia de mi pasatiempo ya tenía decenas y decenas de colecciones de todo tipo. Entrar en ese “mundo de coleccionistas” te lleva a que conozcas gente que tiene tus mismas costumbres y eso también me sirvió mucho para sentirme seguro y para seguir creciendo, por los intercambios que he realizado.

>> Lo mío, para que te des una idea, si bien vos ves mucha cantidad, casi el 70% del total de objetos es donado. De gente que me los ha regalado. Y gracias a eso y otras cosas me llevaron a realizar más de 30 muestras de antigüedades acá en Sunchales y homenajes a personas que ya no están, como el caso de Somadossi. Participé también de eventos como los 100 años del colegio “San José”, un homenaje a los soderos de la ciudad, muestras de juguetes y de todo tipo. Y fuera de Sunchales, en San Carlos. Casualmente escuchando la radio en un viaje a Santa Fe me enteré de que se estaba organizando una muestra de fútbol y me ofrecí a colaborar con ellos. Prácticamente la muestra se organizó con objetos míos, por la variedad de cosas que tenía para mostrar.

– ¿Y la familia qué opina de todo esto?

– La familia apoya, bastante [risas]. Si más o menos lo tengo ordenado, todo va perfecto, viste. A medida que fueron pasando los años pude acomodar bien el lugar, aunque como ves no es tan amplio. Tengo en proyecto hacer otro tipo de cosa: crear un espacio dedicado exclusivamente a los rubros “carpintería” y “herrería”, porque guardo muchos objetos de ese tipo. Si algún día lo hago, habré cerrado más o menos una lógica de circuito.

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Fotografía: Guillermo Reutemann

De los números

 – ¿Tenés algún cálculo de cuántos objetos tenés en esta casa?

 – No, ya es imposible saberlo.

 – Pero tirame un número.

[Mira hacia arriba y se rasca la barbilla] – Calculale que más de 10.000, pero es un número muy al azar, y te explicó porqué. Es sólo un decir de objetos distintos, no puedo contar bolita por bolita. Te hablo de variedad. A ver, para que te des una idea, hoy en día tengo más de 4.000 revistas “El Gráfico”, 10.000 partituras de música y 2.000 libros de todo tipo, por lo que esos números ya excederían el total que te dije. Te repito, la cantidad ya es innumerable, cuento la variedad. Pero siempre trato de intercambiar los objetos que tengo por dos cuestiones: seguir renovando mi colección y aprovechar para relacionarme con gente. Siempre trato de colaborar con los museos. La Municipalidad de Rafaela suele llamarme para aportar mis cosas en distintos eventos que realiza.

 – O sea que te valés de tu colección para llegar a la gente…

– Claro, porque me gusta compartir la pasión que tengo por las cosas antiguas. Y eso me hizo trabar muchas amistades con gente del ambiente artístico como del mundo del espectáculo, por así decirlo. Te puedo dar el ejemplo de “Palito” Ortega, que con él fue algo muy especial porque había venido a actuar a Sunchales a una fiesta privada y viajamos en el mismo auto de camino al show. Todo se dio porque otra vez que había venido conocí al representante suyo y nos pusimos a hablar sobre música de los ’70 y bueno, compartíamos intereses. La siguiente vez que vino Palito le regalé un disco original de cuando integró una de sus primeras bandas, a modo de atención.

 – Me imagino que también habrás pagado por objetos…

Te dije que el 70% es donado. Bueno, el otro 30% es comprado. Hay cosas que no se consiguen fácilmente. Por ejemplo, vos tenés una colección de llaves antiguas (hoy en día tengo más de 200), pero a veces te encontrás con una que cierra una especie de círculo de esa colección, y esa llave tenés que comprarla, sin pensarlo. Es complicado, tenés que estar en esto para entenderlo. Hay que ser siempre cauto y estar atento…

 – Sabés reconocer siempre que hay posibilidad de estafa, ¿no?

– A esta altura de mi vida, yo creo que sí, por todos los años que llevo intercambiando y comprando. Pero aprendí de a poco, porque también he comprado objetos que se me decía que tenían un valor que después no era. A veces comprás cosas que muchos quieren descartar. Pero a veces te encontrás con reliquias como estas…

[Se levanta de su silla y se acerca a una vitrina, que abre con cuidado. Extrae de allí lo que a todas luces es una piedra con puntas. Se lo muestra a Guille, me lo muestra a mí, y espera a que respondamos qué es lo que estamos viendo. En un exceso creativo del que me siento culpable respondo “eso es una piedra”, y Leonardo se echa a reir].

– Esto es excremento de dinosaurio, ya fosilizado…

[La conversación pierde el rumbo de forma vertiginosa. Otra vez estamos parados, haciendo preguntas tontas y arrojando exclamaciones como si fuésemos dos nenes en una juguetería enorme. Apago el grabador de forma inmediata. Ya basta de preguntas. El tipo tiene guardadas más de veinte variedades distintas de tocadiscos. Adiós periodismo].

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Fotografía: Guillermo Reutemann

Una tras otra

¿Tenés algún criterio para coleccionar?
– Lo que pasa es que cuando es mucho el tiempo que pasás en esto, el criterio se va perdiendo cuando aumenta la colección.

El primer objeto adquirido.
– Fotos de artistas.

El último objeto adquirido.
Una punta de flecha aborigen, de más de 300 años de antigüedad.

¿Pagaste por ella?
– Si.

El objeto más raro que tengas.
Un fósil de un cactus petrificado. Creeme, tienen que pasar varios años para que un cactus se petrifique.

Un objeto que te falte
– Todos [risas]. No, en realidad el desafío es poder organizarlo de forma que absolutamente todo lo que forme parte de mi colección esté exhibido, y yo no tenga que sacarlo de un lugar para mostrarlo. El anhelo no es tenerlo todo, sino organizar lo que tengo.

El objeto favorito.
Es muy difícil responder a eso. Guardo mucho respeto por una bicicletita en particular, con la que mi hija aprendió a andar y hoy también la usa mi nieto. Eso es invaluable.

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Fotografía: Guillermo Reutemann

La gente que está leyendo esta nota, ¿se puede acercar a tu casa?

Sí, por supuesto, siempre y cuando se pongan en contacto conmigo. Yo no tengo ningún problema en mostrar todo lo que junté con los años, al contrario, es un placer para mí. Pero que me avisen con tiempo, para acomodarme y poner el espacio en condiciones.


 

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1 Comentario

  1. Felicitaciones Leonardo por la nota! Hace unos años cuando trabajé en el Museo local tuve la suerte de conocerlo y compartir su pasión! Siempre predispuesto a colaborar, hemos armado exposiciones en el Museo que hoy lamentablemente no se realizan más… Ojalá cumplas tu sueño de poder exhibir todo lo que tenes y que se convierta en un paseo obligado para nuestra ciudad…

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