Por: Fernando Calamari.

El 10 de noviembre de 1939 se conmemoró por primera vez el Día de la Tradición en homenaje al natalicio de José Hernández, creador del Martín Fierro. Esta festividad había sido propuesta por la Agrupación Bases de Buenos Aires, formada en memoria de Juan Bautista Alberdi, la cual presentó al Congreso de la Nación su propuesta y éste en forma unánime la aprobó.

La obra de escritor argentino data de 1872 durante la presidencia de Sarmiento y defendía a la figura de gaucho como símbolo de valores morales, por ejemplo la solidaridad, el desapego a lo material, el amor a la libertad y la rebeldía ante las injusticias.

Exaltaba sus rasgos positivos pero también describía sus padecimientos: explotación laboral del patrón; abuso de autoridad por parte del gobierno que lo perseguía, encarcelaba y torturaba; desarraigo y privaciones, entre otros. Muchas de estas penurias también eran sufridas por su “china” (mujer) e hijos-. Los valores del gaucho eran contrarios a las dominantes de la época que pertenecían al liberalismo económico y conservadorismo político que gobernaba a la nación. El “progreso” estaba constituido por el modelo agroexportador, el ferrocarril, la inmigración de masas blanca, el desarrollo científico, el comercio con Europa, la educación francesa y la primacía de la burguesía como clase social.

Otro escritor nacional, Antonio Guiraldes, en su obra Don Segundo Sombra valoraba al gaucho por aporte a ese modelo de país porque era la mano de obra de las estancias ganaderas en donde trabajaba como peón y en las cuales se producía carne vacuna para exportar a Europa. Además de hablar de la vida dura en la pampa describió la sencillez de la vida rural y sus placeres: la guitarra, la pulpería, el juego de la taba, la doma y las payadas.

Estas eran las tradiciones practicadas por el hijo de la mujer india y del hombre español, denominado mestizo o criollo y luego llamado gaucho por haber sido un “huachu”, término de origen quechua que define a las personas que son nómades y solitarias. Debido a sus características raciales y culturales fue discriminado y subestimado socialmente por las elites dominantes y clases medias por ser “no europeos”, imponiéndoles el apodo de “barbarie”, “cabecitas negras”, “indios” o “negros”.

Estas consideraciones dejaban de lado la participación de los criollos en la guerra de la independencia y en el federalismo nacional donde dejaron sus huesos en diferentes campos de batalla para que nuestro país pudiera liberarse del opresor español y del centralismo porteño. Ejemplo de estos casos podemos citar a los anónimos gauchos salteños de Güemes y al caudillo federal riojano Vicente Ángel “Chacho” Peñaloza. También es importante rescatar la figura del gaucho entrerriano Antonio Rivero, quién peleó contra los ingleses en las islas Malvinas.

Los prejuicios anteriormente aludidos continúan en la actualidad y sobre ellos recaen estigmas, sometimientos, falta de oportunidades y otros padecimientos señalados por los autores aludidos anteriormente.

A pesar de creencias y discursos históricos basados en un elitismo racial épico europeo que niegan u ocultan que en el origen de Sunchales estuvieron presentes criollos, estos formaron parte de los antiguos pobladores y participaron en su desarrollo. Ellos fueron los primeros que trajeron a estas tierras las costumbres que hoy se festejan en el día de la tradición y que luego estas fueron incorporadas por los inmigrantes, principalmente italianos que se convirtieron en “gauchos gringos”.

Resulta notoria la adopción de prácticas criollas para el trabajo rural por parte de colonos del Piamonte que en sus comarcas montañesas pobres e injustas se convirtieron en dúctiles jinetes del trabajo en el campo en esta parte de la pampa.

Las manos callosas de los colonos criollos y europeos compartieron las duras tareas rurales ganaderas del Sunchales de aquél entonces. Para la realización de las mismas se utilizaban elementos camperos gauchescos: monturas, fustas, látigos, cinchas, cabrestos, espuelas. Muchas de estos se realizaban artesanalmente en las propias casas de los pobladores. También se usaban bombachas de campo, pañuelos para cubrir el cuello, sombreros, botas de cuero o alpargatas.

Si bien en los orígenes de Sunchales la separación entre el criollo y el gringo era muy notoria porque solamente mantenían relaciones laborales, por ejemplo este último contrataba al primero como mano de obra temporal para levantar la cosecha. En los demás aspectos la integración social era muy limitada más allá de una convivencia sin conflictos violentos explícitos. El criollo veía al gringo muy apegado al materialismo, avaro y sumiso ante el poder político, mientras que el inmigrante europeo consideraba al hijo de la tierra como un holgazán, pendenciero y desinteresado en progresar económicamente. Por lo tanto cada grupo mantenía sus costumbres en forma separada.

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Fuente: Semanario La Lucha, Álbum del Cincuentenario de Sunchales, 1936.

Con el correr de los años esta convivencia se fue modificando e integrando a los dos grupos mencionados, donde no solamente los aspectos relacionados a la vida laboral criolla fueron incorporados por los inmigrantes sino también costumbres de los mismos, por ejemplo la que se refleja en la siguiente imagen:

Esta foto data de la primera mitad del siglo XX y retrata a mujeres de origen italiano que toman mate, uno de los símbolos que caracterizan a la cultura nacional. El motivo de la ingesta no era solamente por este último aspecto sino porque esta infusión era barata y accesible para quienes estaban en una situación de precariedad económica como para disponer de una dieta abundante y variada. Esta costumbre persistió y abarcó a las diferentes clases sociales de la comunidad constituyéndose en una práctica de sociabilidad porque el mate se comparte.

Tratando de responder a la pregunta que titula este artículo, en Sunchales quedan muy pocas personas que por algunas de las características conmemorativas del Día de la Tradición pueden considerarse “gaucho”. Se trata de Élido Aldo Romero, pertenece a una familia que desde tres generaciones se dedica a las tareas rurales ganaderas. Pero Élido es el único que todavía las realiza porque los cambios productivos y tecnológicos -principalmente el aumento de la agricultura sojera que reconvirtió productivamente a campos que anteriormente se dedicaban a la explotación ganadera-, hicieron casi desaparecer este oficio laboral.

La cultura folclórica que formó parte de la identidad de Sunchales se mantiene en la actualidad también con los artesanos, las peñas de baile, los grupos musicales, los festivales de doma y los contenidos educativos en las escuelas, entre otros. Sin embargo, algunos de aquellos prejuicios se mantienen y se aceptan socialmente. En este sentido y para el primer caso podemos mencionar las diferenciaciones entre el Barrio Colón y los “Altos del Colón” y para el segundo citamos que la mayoría de los candidatos o casi la totalidad de los funcionarios públicos son “blancos”. Por todo esto y mucho más, es necesario mantener viva la llama de la tradición como raíz cultural e inclusión social.

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2 Comentarios

  1. Muy bueno Fernando!! Hay que mantener vivas las tradiciones! Hace unos días se llenaron las calles de chicos festejando Halloween, disfrazados, muchos acompañados de sus papás, no creo que sepan en qué consiste esa celebración que NO es nuestra y solamente lo hacen para buscar dulces… estimo que si les preguntamos por el día de la tradición, no tienen conocimiento! Pero bueno, esperemos que muchos lean este artículo y les expliquen a sus hijos!!! Saludos!

  2. Coincido con Roxana, tenemos motivos suficientes y propios para festejar, no necesitamos fiestas extranjeras de las que nadie ni siquiera se preocupa por saber a qué se deben. Lindo artículo para aprender más de lo nuestro, que es tan valioso como lo que viene de afuera (o más). Ojalá los más pequeños se interesen por todo lo rico que hay para saborear. Muchas gracias por ayudarnos a conocernos.