Por Fernando Calamari

La desaparición física de Florentino me sorprendió enormemente, lo conocí a través de terceros que me comentaron sobre su experiencia en maquetas. Lo contacté para pedirle consejos y debido a su gran labor creativa le propuse entrevistarlo, a lo que accedió de manera amable y humilde. Fue en el mes frío de julio. Hablamos en su amplio taller, donde estaba trabajando. Interrumpió sus quehaceres y se explayó sobre lo requerido, agregando vivencias que enriquecieron mis preguntas. Más que un cuestionario fue una conversación amena e informal, en la cual recorrió parte de su vida y de Sunchales. En cada frase se traslucía el orgullo por sus creaciones y vivencias. Me despedí estrechándole la mano y quedando que pasaría a saludarlo. Sentí que era un nuevo amigo que la vida te pone en el camino. Nunca imaginé que el saludo sería hasta siempre. Muchas gracias Florentino.

En tiempos en donde la tercera edad es descartada, la sabiduría de los ancianos se deja de lado, lo viejo no tiene cabida ante la mercantilización de la eterna juventud, la creación y el conocimiento son vaciados para reemplazarlo por el vacío cultural como forma de alienación, lo profundo, paciente y artesanal se reemplaza por lo superficial, vanal y masificado. Este entrevistado surge como ejemplo y verdad contundente y sólida ante las oleadas decadentes que erosionan a la sociedad posmoderna. Desde su “anonimato” y trabajo silencioso y paciente, el orfebre Florentino va moldeando sus creaciones y la vida misma, no solo la propia sino de la comunidad.

-¿Qué edad tiene?

86 años.

-¿Dónde nació?

En Bigand y vivía en el campo.

-¿Cuándo vino a vivir a Sunchales?

A los seis años. Me mudé con mi familia cuando  empecé la escuela primaria. Fui a la Fiscal y luego al San José, el  colegio de los curas. Allí concurría mañana y tarde, tal vez me enviaron para que estuviera ocupado (risas).

-¿Cómo era el pueblo en aquél tiempo?

Cada sector era distinto. Llegaba hasta la actual escuela Mitri, luego era campo. Se ejercían distintos oficios que en la actualidad ya no están, por ejemplo hielero. Este vendía hielo en barra recorriendo las calles en jardinera. Además estaba el vendedor ambulante de pescados que se traían en tren y los repartía en carro. El diariero esperaba que llegaran los diarios de Buenos Aires en el ferrocarril a la tardecita y los distribuía. De niños jugábamos al fútbol con pelotas de trapo en una canchita en la calle Tucumán. Cerca de mi casa actual había un corral de caballos usado por el carrero. Solamente existían cuatro o cinco teléfonos, si radios. Cuando tuve unos pesos me compré una. La trajeron en encomienda por ferrocarril desde Buenos Aires. Era una caja grande.

-¿Qué oficio tenía?

Cuando terminé la primaria fui a la Escuela de Fábrica y en 1948 egresé como mecánico agrícola. Poseía grandes conocimientos de tornero frisador. Luego entré a trabajar a la fábrica Taindú. Hacía heladeras, lavarropas y calderas. En las primeras se fabricaban todas sus partes, excepto el motor eléctrico. No dábamos abasto. Se vendían a Buenos Aires. Poseía una fundición propia y llegó a tener 140 empleados. Se ubicaba en la calle 25 de mayo (antes estaba la Escuela Hogar para las Mujeres) y en la actualidad hay una cochera.

El torno, máquina que a través de su oficio de tornero le permitió obtener su sustento. Refleja además la etapa dorada de la industria metalmecánica de Sunchales.

A los 23 años ingresé a mi escuela para reemplazar a un maestro. Ocupé ese cargo por seis años. Posteriormente me compré un torno y empecé a trabajar por mi cuenta en el galpón de un tío en la calle Ameghino. Hacía máquinas para la industria de cartón, razón por la cual en el taller faltaba espacio.

Me mudé a mi ubicación actual: Urquiza. Es un lugar muy amplio, ideal para levantar un taller de grandes dimensiones. Allí construí también mi casa. Vivía con mi madre, tenía 103 años de edad. Mi padre falleció cuando era muy joven. Tuve que aportar a la casa junto a mi mamá. Tengo una hermana y sobrinas.

-¿Había trabajo?

Sí, estaba Rotania, Alassia, Fardín y Ombú. Eran grandes fábricas que daban trabajo a pequeños torneros para que confeccionaran piezas para las máquinas que producían.

-¿A partir de qué momento se dedicó a realizar sus creaciones?

Cuando pude sacar la cabeza del barro empecé a hacer otras cosas distintas a mi trabajo de tornero, por ejemplo carros.

-¿Desde cuándo le gusta el automovilismo?

Desde que era chico. Mi primer y único juguete fue un automóvil de chapa.

-¿Cómo continuó su afición?

Iba a ver carreras. En 1940 se corrió por única vez la competencia de autos llamada “12 horas de Rafaela” porque se corría ininterrumpidamente durante ese tiempo en un circuito de tierra. Fue en enero y hacía mucho calor. Luego se hizo la competencia con motos.

En 1948 se hizo la competencia de Turismo Carretera entre Buenos Aires – Caracas. Se me “picó” de hacer una réplica de un auto Chevrolet de 1939 que usó Fangio. Lo admiraba. A los dos años fui a una exposición en Rafaela sobre autos y me dije “el año que viene la hago”. Le puse cuarenta años y en 1988 se la entregué a Juan Manuel Fangio. Esto fue cuando el empresario de válvulas Valsagna de Rafaela inauguró su gran salón. Llevé mi maqueta y el anfitrión nos presentó. Cuando vi a Fangio, pensé “qué le digo”. Me estrechó la mano y dijo que ese auto le dio alegría y el día más triste de su vida porque en un accidente en Lima falleció su copiloto. Fangio era muy sencillo. En la actualidad la maqueta está en su museo en Balcarce.

Además compraba la revista “Coche a la vista”. Tengo varios ejemplares, incluso vendí algunos a un coleccionista de la ciudad. Leía revistas en inglés para sacar modelos de autos. Para esto último, además me prestaban libros, como Arturo Brega, dueño de la inmobiliaria.

-¿Y el auto real?

Es una réplica del primer automóvil FIAT de 1899. Es de elaboración propia, hasta el motor. También restauré otros vehículos, como Chevrolet y Ford T. Además compraba automóviles, los arreglaba y los revendía. Colaboré en la preparación de midgets.

Tapa de una revista especializada en automovilismo con su creación referida a FIAT. “Me hicieron la entrevista desde Buenos Aires por teléfono y me enviaron algunos ejemplares. Los regalé casi todos.”

-¿Cómo se le ocurrió hacer una calesita?

Tenía el proyecto de hacer un trencito para niños con otra persona. Queríamos ganar unos pesos llevándolo a distintos lugares, como Mar del Plata. Pero mi amigo trabajaba en SanCor Seguros y debido a que sabía de seguros, me dijo que era difícil asegurar el tren. Para eso, teníamos que cerrarlo. Eso haría que los chicos no pudieran ver el recorrido. Elegimos hacer una calesita porque era fija y desmontable. La construimos en el patio de mi casa. A principio parecía una flor por su estructura. Hicimos todo. Hasta los autos, que eran de un molde de fibra de vidrio. Luego se llevó a la plaza y permanece en su ubicación actual.

Distintas etapas de la construcción de la calesita. Sueño y fantasía de varias generaciones de niñas y niños.

-¿Y con respecto a la maqueta de la máquina Rotania?

Le sacaba fotos a la trilladora real y las revelaba en Casa Ruben. Era un secreto, ni siquiera se lo dije a mi madre. No quería adelantarme a la concreción. Cuando Ruben me preguntó por qué sacaba tantas fotos de la máquina, le dije la verdad y guardó el secreto. La empecé en 2004 y la finalicé en 2011. La empresa Claas la quiso comprar para llevarla al museo del dueño en Alemania. La expuse hace poco en el encuentro “Querer, Creer, Crear” realizado en Sunchales.

Maqueta de la máquina cosechadora Rotania. Integra su gran orgullo como artista. “La expuse en varios lugares”.

-¿Qué otros inventos hizo?

Bicicletas eléctricas con cuadros hechos por mí para que se ajustaran a la altura del ciclista. Figuras para carrozas de carnaval. Además realicé esculturas en madera de algarrobo.

 

Bicicleta eléctrica en perfecto funcionamiento.
Rostros de mujeres mocovíes en algarrobo. “Es una madera muy dura y difícil de trabajar”.

-¿Le gusta viajar?

Sí, recorrí Argentina y fui a ocho países de Europa: España, Francia, Italia, Austria, Alemania, Suiza, Bélgica e Inglaterra. Además visité Bahamas, Sudáfrica y Estados Unidos. Allí fui a una carrera de autos. En los primeros viajes me comunicaba con mi madre a través de cartas. Me gustó mucho Sudáfrica. Volvería otra vez.

-¿Por qué?

Por la gran naturaleza de sus paisajes y los recorridos en excursiones.

-¿Por qué es coleccionista?

Cuando me jubilé, en algo tenía que gastar el tiempo. Me puse a juntar patentes, botellas, sifones y bujías. De las primeras tengo de varias localidades de la provincia, del país y del mundo, por ejemplo Frank, Vera y Pintado, Piamonte, Calchaquí, Río Negro, Formosa, Montevideo, Panamá y Ohio. Tengo sifones con cabeza de plomo de cada sodería de Sunchales, botellas de diversas bebidas, como la Bidú y bujías de aviones. Como la gente sabe que junto estas cosas, me las dan o las intercambio. Otra cosa que colecciono son damajuanas de bebidas y ácidos.

Parte de su colección de botellas y sifones. Se observan vinos, licores, cervezas, whisky, vodka y gaseosa, entre otras. Diversidad de tamaños, marcas, colores, diseños y épocas.
Parte de su colección de patentes. El mundo en un solo lugar.

-¿Sigue trabajando en la actualidad como tornero?

No, si bien en estos momentos estoy haciendo un molde de madera para la matriz de fundición de elementos de plástico. Me lo pidió una empresa local porque acá ya no se hacen. Hoy existen pocos torneros. Tienen también otras máquinas, como frisadoras, para completar su taller de tornería. Hoy hay equipamiento moderno y se importa de Alemania y Estados Unidos. Es una lástima porque se cerraron las fábricas que mencioné.

-¿Su gusto por el automovilismo sigue vigente?

Sí, veo carreras en televisión.

-¿Qué pilotos le gustaban?

Locales; Rogelio Mitri en Turismo Carretera y Midgets. Colaboré con él para hacer alguna pieza, pero no formé parte de su equipo. Fui a ver a Vicente Cipolatti. Fangio fue el mejor de todos, en su tiempo las carreras eran mucho más duras.

Entrega de su maqueta a Fangio.

-¿Tiene otras ocupaciones?

Me gusta la quinta y el jardín. Tengo un patio de 43 metros. Planté frutales. Pero ahora cuido las plantas protegiéndome la espalda porque no me agacho.

Tengo dos perritas caniches. Fui el primero que trajo un animal de esta especie en Sunchales. Son muy buenas. Si bien abrí mi perfil en facebook, no lo uso porque demanda tiempo. Mantengo correspondencia con personas de distintas partes del mundo e intercambio catálogos, colecciones, etc. Escucho radio y miro televisión. Me gusta escuchar música variada. Trato de mantenerme bien.

-¿Se siente reconocido por la comunidad?

Sí. Me hicieron varias entrevistas y me entregaron premios, como el Rotary Club y la provincia en manos del Vicegobernador.

Numerosos reconocimientos a su trayectoria.

-¿Volvió a su casa de origen en Bigand?

Una vez. Fui con mi hermana y sobrina. Pasamos en frente pero no entramos. Estaba cambiada, le agregaron construcciones.

-¿Cómo se definiría?

– Un “loco”.

Maqueta de un caballo de tamaño real hecha con fibra de vidrio. “Tenía un amigo que poseía caballos. Los iba observar para hacer el modelo”.
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