Por: Roxana Lusso.

Solemos escuchar que “las Malvinas son argentinas”. Lo aprendemos en la escuela. Lo leemos en libros y también en banderas y paredes del barrio. Lo cantamos en un himno, lo coreamos en manifestaciones públicas. Lo vemos en la televisión. Lo reconocemos en el nombre de estadios, plazas y calles. Lo dicen personas de la cultura, docentes y políticos de diferentes partidos.

Cuando decimos “Malvinas” estamos hablando, así como con tantos otros símbolos, de quiénes somos, de nuestra identidad, de lo que nos gusta y deseamos, y a la vez, de aquello que no queremos.

Las islas también nos recuerdan un hecho trágico del pasado reciente que aún permanece como una herida abierta: la guerra de Malvinas ocurrida en 1982, la más importante librada por nuestro país en el siglo XX, desarrollada durante un gobierno dictatorial que venía ejerciendo el terrorismo de Estado desde 1976.

Recuperar la soberanía en el Atlántico Sur es una reivindicación nacional, un sentimiento legítimo contra el imperialismo. Y, como sucede frente a muchas injusticias, su reparación es un deseo compartido por generaciones de argentinos.

Hablar de Malvinas implica, entonces, varias cosas: un pasado lejano que aprendemos a través de documentos; la memoria de acontecimientos recientes que vivimos o conocemos por testimonios de sus protagonistas; un asunto nacional con resonancias regionales diversas. Hablar de Malvinas nos invita a vincularnos con tradiciones culturales y políticas, algunas históricas y otras que se están reinventando en el presente.

Las Islas Malvinas fueron avistadas por primera vez en el año 1520 por la expedición de Fernando de Magallanes, al buscar un pasaje hacia el Océano Pacífico.

Los corsarios o piratas británicos, a la caza de los galeones de cualquier bandera, las percibieron en la lejanía, pero no pusieron pie en tierra ya que las confundieron con las costas patagónicas.

El primer desembarco documentado ocurrió en 1690 con John Strong, quien navegó entre las dos islas principales, dándole al pasaje el nombre de Estrecho de San Carlos, en honor de Anthony Cary, 5º vizconde de Falkland, el cual, como comisionado de Almirantazgo británico había financiado el viaje.

Esto provocó con posterioridad una serie de fricciones con España, pues este país y Gran Bretaña defendían haber descubierto cada una por su cuenta las islas y las reclamaron para sí. En 1740 se produjo un enfrentamiento armado entre las flotas de ambos países sin un claro vencedor. Posteriormente, el conde francés Louis Antoine de Bougainville estableció un pequeño asentamiento en 1764 en la isla Soledad, al que bautizó con el nombre de Port Louis, así como un fuerte. Unos días después tomó posesión de las islas en nombre del rey de Francia y las bautizó como Malouines, en honor de Saint Maló, ciudad francesa de donde partieron los primeros colonos.

El Reino de España protestó una vez más ante lo que consideraba la ocupación de un terreno propio, esta vez ante la corte francesa. En 1766 Francia accedió y reconoció la soberanía española sobre el archipiélago, con la condición de que se abonara una indemnización por su esfuerzo al pagar la expedición y el establecimiento de la colonia. Los ciento quince colonos franceses quedaron bajo el gobierno de Felipe Ruiz Puente, que procedió a construir una capilla consagrada a Nuestra Señora de la Soledad (de donde derivó el nombre de la isla principal) y varios edificios comunes como cocinas y cuarteles. La sede de gobierno se encontraba en Puerto Nuestra Señora de la Soledad.

España logró la retirada de los británicos en el marco de los acuerdos por el Tratado de San Lorenzo. Con estos acuerdos, entre otras cuestiones, el Reino Unido reconocía la soberanía hispana en los archipiélagos del Atlántico Sur próximos al continente americano.

Una vez establecida la independencia de España de la República Argentina, las islas pasaron a ser de soberanía argentina. Durante el inicio de dicha soberanía, las Islas Malvinas dependían políticamente del Gobierno de Buenos Aires y eran utilizadas como lugar de reclusión de delincuentes peligrosos.

Tras la destrucción del asentamiento argentino de Puerto Soledad por parte de la corbeta estadounidense Lexington (1831), en 1833 el Reino Unido pese a estar en relaciones de paz con la Confederación Argentina aprovechando la situación invadió militarmente las islas y estableció una guarnición militar, desvalijando por la fuerza a los pobladores argentinos y a sus autoridades.

Ciento cincuenta años más tarde, los dirigentes de la dictadura argentina idearon la reconquista de las Islas Malvinas.

Entre el 2 de abril y el 14 de junio de 1982, la República Argentina se enfrentó militarmente con Gran Bretaña por la soberanía de las islas.

Los responsables de la operación militar en Malvinas fueron el presidente de facto Leopoldo Galtieri, y Jorge Anaya, jefe de la Armada. Según sus planes, el desembarco en las islas forzaría una negociación con el Reino Unido. Pero la respuesta británica fue exactamente la opuesta.

Tres días más tarde envió una flota de guerra, la más grande desplegada por ese país desde la Segunda Guerra Mundial.

Los militares también suponían que cualquier ofensiva inglesa recibiría el repudio internacional, incluso el de los Estados Unidos, y que de ese modo se evitaría la guerra. Si bien la Argentina obtuvo importantes adhesiones entre las naciones de Latinoamérica, las acciones diplomáticas no alcanzaron para evitar el conflicto armado. Y Estados Unidos declaró su apoyo a Gran Bretaña.

Los bombardeos británicos sobre Malvinas comenzaron el 1º de mayo y el 2 de mayo, los británicos torpedearon y hundieron el crucero argentino ARA General Belgrano, que navegaba por fuera de la zona de exclusión.

Ese día las pérdidas humanas fueron enormes -murieron 323 de los tripulantes- y la guerra ya no tuvo vuelta atrás. Como respuesta, los aviones argentinos hundieron el crucero inglés Sheffield. Entonces, la flota naval británica se desplazó al Estrecho San Carlos y el 21 de mayo, desembarcó al noroeste de la Isla Soledad. Durante días, la Fuerza Aérea Argentina combatió con tenacidad, a pesar de la desproporción tecnológica. Sin embargo, ni sus bombardeos ni los enfrentamientos de pequeñas tropas terrestres, pudieron detener al enemigo.

El rol que jugó Chile en la guerra de Malvinas fue muy importante, ya que ofreció al Reino Unido el uso de sus puertos en contra de Argentina. Margaret Tatcher aseguró que sin la ayuda clave de Chile, la guerra de Malvinas no hubiese sido fácil de ganar.

Uno de los ex miembros del gabinete de la primera ministra aseguró que la decisión de Inglaterra de hundir el crucero argentino ARA General Belgrano se tomó con información de la armada argentina que fue interceptada por Chile y entregada al Reino Unido.

El General de la Fuerza Aérea de Chile, Fernando Matthei Aubel en 1999 sostuvo: “Yo hice todo lo posible para que Argentina perdiera la Guerra de las Malvinas”.

Seis semanas más tarde y después de duros combates forzaron la rendición argentina el 14 de junio de 1982.

Esta fecha es uno de los momentos más importantes de nuestra historia actual, es por ello que deseamos recordar la experiencia de los jóvenes que participaron de la Guerra de Malvinas, desde el servicio que han hecho a nuestra patria.

El valor que demostraron al afrontar, no solo las duras e injustas condiciones de la lucha armada, sino el resto de sus vidas, que hacen que cada año dediquemos un tiempo a reconocer y agradecer su entrega.

Año tras año el 2 de Abril en nuestra ciudad se brinda homenaje a los héroes de esta gesta, en conmemoración del Día del Veterano y de los Caídos en la Guerra en Malvinas, ellos son:

  • Guillermo Owen Crippa (nacido en Sarmiento): Teniente de Navío, Piloto de Combate, Comando de Aviación Naval. Recibió la máxima condecoración militar “CRUZ DE LA NACIÓN ARGENTINA AL HEROICO VALOR EN COMBATE”.
  • Sergio Durando (nacido en Colonia Bossi): Soldado Clase 1962. Sobreviviente del Hundimiento del Crucero ARA Gral. Belgrano.
  • Jorge Carlos Ducks: Soldado Clase 1962, falleció en el hundimiento del Crucero ARA Gral. Belgrano.
  • Hugo José Moretto: Suboficial ascendido postmortem a oficial, falleció en el hundimiento del Crucero ARA Gral. Belgrano.
  • Raúl Felipe Planiscig: Soldado Clase 1962, sobreviviente del hundimiento del Crucero ARA Gral. Belgrano. Falleció en el año 1993.
  • Gabriel Giordano: Soldado Clase 1962, sobreviviente del hundimiento del Crucero ARA Gral. Belgrano.
  • Carlos Leconte: Soldado Clase 1962, sobreviviente del hundimiento del Crucero ARA Gral. Belgrano.

N. de la R.
En próximas publicaciones de Hijos del Pueblo contaremos más sobre la historia de cada uno de ellos.


Lo que hemos recordado no debe quedar en el pasado como una simple anécdota, sino que nos debe servir de enseñanza, para aprender que las islas nos pertenecen por estar en nuestro mar y por historia, y que debemos seguir luchando para recuperarlas en paz.

Comparto esta poesía de Enrique Rafael Gabriel Momigliano (1982) titulada “A vos que estuviste allá…”

Te recuerdo
Porque todo mereces
Y este homenaje darte puedo
A vos que estuviste allá

Te admiro
Porque no tembló tu pulso
Cara a cara con el enemigo
A vos que estuviste allá

Te envidio
Porque la Patria se te hizo carne
Bajo tu piel casi de niño
A vos que estuviste allá

Te quiero

Porque bajo tu bandera luchaste
Con aplomo de viejo guerrero
A vos que estuviste allá

Te espero
Para estrechar que peleó
Defendiendo a muerte nuestro suelo
A vos que estuviste allá

Te siento
Porque dejaste todo lo querido
Para batirte en mar, tierra y viento
A vos que estuviste allá

Te aplaudo
Porque fuiste héroe en un infierno
Que no paga con lauros
A vos que estuviste allá
Y no volviste

Dios te Bendiga, la Patria te crió y por ella hacia Él te fuiste.

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