Por: Fernando Calamari.

El origen de la humanidad se inició en África hace aproximadamente 5.000.000 con la especie Australopithecus. Desde allí se expandió y evolucionó por distintas partes del mundo. Hace 15.000 años llegaron a América las primeras personas a través del estrecho de Bering en la época de las glaciaciones, la cual lo convirtió en un “puente de hielo” por donde pasaron desde Asia a Alaska.

A partir del norte americano se diseminaron paulatinamente por todo el continente y conformaron diversas culturas. A ellas se las llamó pueblos originarios o ancestrales debido a su origen primigenio.

Como todo asentamiento humano, existieron grupos con características propias, como el lenguaje, la alimentación, la organización política y religiosa. Incluso se dieron sociedades pacíficas y guerreras, convivencias y conflictos, contactos y aislamientos.

Pero el 12 de octubre de 1492 sucedió un hecho que marcó trágica y catastróficamente el fututo de todos aquellos pueblos: la llegada de Cristóbal Colón inició una de las mayores conquistas que se dio en la humanidad.

Éste fue recordado como “descubridor” de un continente, como si dicho territorio no era conocido por algunos de sus habitantes. Por  ejemplo, los Kuna en la actual Panamá, le decían Abya Yala, cuyo significado era tierra madura.

La denominación “indio” también es otra imposición porque Colón creyó que había llegado a las Indias Orientales (Asia), por lo tanto los llamó de tal manera. Cuando se comprobó el error del navegante, tampoco se corrigió esa referencia geográfica sino que se dijeron Indias Occidentales, y el nombre indio continuó.

Espacio alusivo a los Abipones. Museo y Archivo Histórico Municipal “Basilio Donato”.

El arribo del navegante genovés mostró la violencia y crueldad que se avecinaba en forma devastadora. A los primeros indígenas denominados taínos los castigaba cortándoles las “narices y las orejas porque son miembros que no pueden esconder”, según sus propias palabras, o su hermano Bartolomé, quien los hizo quemar públicamente.

El impacto de la conquista no tuvo precedentes en brutalidad: cientos de miles de personas fueron asesinadas en guerras o murieron por enfermedades contraídas de los conquistadores, como la gripe y la viruela. A esto se le sumó el trabajo esclavo que tenían que hacerlo hasta el agotamiento. Ejemplo de tal situación fue la mina de plata de Potosí en Bolivia. Cuando la mano de obra se terminaba se trajeron a los esclavos negros de África, quienes tuvieron los mismos padecimientos que los naturales.

La historia es conocida por aquellos que realmente la quieren comprender en forma verdadera y objetiva. Cortés y Pizarro fueron solo los más representativos de los conquistadores.  Por estas atrocidades apañadas y acompañadas por la jerarquía de la iglesia católica, que pensaba más en mantener y consolidar su poder terrenal que cumplir con los preceptos religiosos de su fundador, el Papa Francisco pidió perdón en nombre de dicha institución cuando estuvo en Bolivia en 2015.

En este acto reivindicatorio que tardó más de cinco siglos también se hizo justicia con aquellos sacerdotes que defendieron a los indios en la época de la cruz y espada, como lo fueron Bartolomé de las Casas y Antonio Montesinos.

Pero las toneladas de oro y de plata extraídas en suelo americano que fueron a adornar a las iglesias europeas y a dinamizar el capitalismo de los países que hoy llamamos del primer mundo en el viejo continente nunca se devolvieron.

La maldad y la codicia de riquezas continuó con el surgimiento de los estados independientes que se liberaron del la dominación europea. En el caso argentino, la nefasta conquista del desierto realizada por el general Julio Argentino Roca en 1878 en la Patagonia fue un ejemplo claro y sangriento.

Los objetivos de la guerra contra el indio -al que se le desconoció su presencia porque se decía que esa zona era un desierto-, fue de exterminio y esclavitud. La puesta en producción de aquellas tierras destinadas para criar ganado y cultivar -las cuales se destinaron a los terratenientes, por ejemplo José Martínez de Hoz obtuvo 2.500.000 hectáreas-, no fue la meta principal, sino aplicar lo que había dicho el maestro y presidente Sarmiento referido al falso dilema “civilización o barbarie”: lo civilizado y bueno era lo blanco europeo, lo malo y salvaje era lo indio y lo mestizo.

A los sobrevivientes se los arrinconó en lugares improductivos. Algunos fueron llevados presos a la isla Martín García o a trabajar en las zafras tucumanas para morir allí. A las mujeres y a los niños se los repartieron como esclavos en Buenos Aires.

El despojo de la condición humana se reflejó en la exhibición de restos óseos en museos “en nombre de la ciencia” como otra especie animal. Ni siquiera se dio el respeto a una sepultura.

Estos sucesos narrados cobran mayor dimensión cuando las voces de las víctimas se hacen escuchar y brindan una mirada diferente a los libros tradicionales de historia. En este sentido, Adela San Román, descendiente de español y de mapuche-tehuelche, reflexiona: “El 12 de octubre fue el último día de libertad y de vida. Cada conmemoración de esa fecha invita a la reflexión y es el despertar de la conciencia. Son 500 años de oscuridad y es necesario regresar a la luz.”

Adela nació en Bragado y luego de un largo recorrido reside en Rafaela. Dedicó su vida a la educación (es Maestra Normal Nacional) y luego de su jubilación hace diversas tareas, como ceramista. Pero sobre todo, trabaja para reivindicar y revalorizar a las culturas originarias. Junto a una comunidad indígena, da charlas en las escuelas para hablar sobre sus ancestros y la situación actual. Allí muestra el lado humano y como la conquista cambió la vida de los indios.

Dice con optimismo que “hay un despertar de la sociedad para saber lo que pasó” y aclara que “existen muchas personas de origen indígena que después de mucho tiempo de ocultar su condición por vergüenza, de a poco la van diciendo. Esto debe ser en forma voluntaria porque la identidad es subjetiva y no debe ser impuesta”.

Durante el año viaja a Esquel a visitar a sus hijos y a la comunidad mapuche de Cushamen (lugar desértico) en Chubut. Precisamente, es allí donde se dieron los violentos hechos de represión contra los indios por parte de Gendarmería.

Si bien esto cobra notoriedad en la actualidad y por la desaparición de Santiago Maldonado, los sufrimientos, desalojos y agobios se realizan desde hace mucho tiempo, por ejemplo a principios de este año.

Los mapuches nombraron a Adela como Ñuque Mapu (Madre Tierra) porque en sus visitas les lleva alimentos y la tierra es sinónimo de comida.

Indios Abipones. Dibujo del misionero jesuita Martín Dobrizhoffer, quien convivió con ellos. Fuente: http://pueblosoriginarios.com/biografias/dobri.html.

En el actual Sunchales, vivieron los Abipones en el siglo XVI, mucho antes que llegaran los españoles y los inmigrantes que repoblaron estas tierras. Pertenecían al grupo étnico y lingüístico Guaycurú y eran originarios de la región chaqueña. Debido a su nomadismo llegaron hasta aquí.

Tenían una organización social basada en un jefe que era la autoridad y creían en un dios creador del universo. Cazaban y pescaban principalmente para subsistir. Las tareas se repartían según el sexo: los hombres buscaban animales -por ejemplo venados y cerdos salvajes- y las mujeres recolectaban semillas y frutos, como el algarrobo, además de miel.

Eran buenos tejedores y construían temibles y eficaces armas, de las que sobresalían la macana (palo grueso de madera), la lanza, el arco y la flecha. Fueron guerreros muy belicosos y muy buenos jinetes, según las palabras de los propios conquistadores que no los pudieron dominar. Solamente esto ocurrió a mediados del siglo XIX con la acción conjunta del gobierno provincial y nacional que implementaron una ofensiva de expulsión hasta el Chaco.

Que pena que ese espíritu de lucha y de movilización de los Abipones perdure a cuenta gotas en nuestra sociedad. Éste sería muy bueno para enfrentar el azote neoliberal foráneo y vernáculo que quiere exterminar al cooperativismo chacarero y obrero.

Sunchales formó parte de la conquista española en este continente. El nombre que estos le dieron a este lugar era Los Sunchales, en alusión a las plantas denominadas sunchos que aquí crecían.

Fue un fuerte que desde la época colonial era una línea de avanzada de los conquistadores españoles y de refugio para el paso del las caravanas mercantiles y de los viajeros que se trasladaban desde Buenos Aires hacia Santa Fe, Córdoba, Tucumán, Bolivia y Perú o viceversa. Con la independencia argentina el fuerte continuó siendo un punto ofensivo del nuevo estado contra los indígenas.

Pintura “El Fuerte”. Museo y Archivo Histórico Municipal “Basilio Donato”.

Siempre existió una memoria selectiva y parcializada en Sunchales sobre su papel en la conquista y en el despojo de este territorio. En este sentido, se pueden citar cinco ejemplos. El primero se encuentra en el museo, en el cual se exhiben pinturas que muestran al fuerte como un lugar de civilización, paz y progreso, contra el ataque salvaje de los indios.

El segundo ejemplo es el escudo de nuestra ciudad. En este están dispuestos mayoritariamente y en forma central el fuerte, el cañón y dos soldados. La forma de corona que tiene el primero refleja el símbolo del sistema monárquico (desde hace varios años considerado entelequia, parasitario, desigual y antidemocrático), el cual fue descartado como forma de gobierno en la declaración de la independencia de 1816 y en la Constitución Nacional. Todas las imágenes representan a la época de la dominación española y no a la Argentina libre y manifiestan la fuerza política y militar opresiva de ese imperio en su total dimensión.

El tercer ejemplo es el cañón de la plaza principal; arma de yugo del conquistador que si hubiese continuado en el tiempo, Argentina, Santa Fe y Sunchales nunca hubiesen surgido como lugares libres. Este está ubicado paradójicamente en la plaza denominada Libertad.

El cuarto ejemplo es la  marcha sunchalense, cuya letra dice: “Fue en los días que sobre la pampa desatado corría el malón, el Fortín levantó su mangrullo y el trabajo cantó su ilusión…” El mensaje -entre otros- es que el malón o lo malo era el que defendía sus tierras de siglos.

El último ejemplo es nuestra bandera que también es otra muestra de la sumisión: el fuerte en forma de corona está presente y ondea con el viento en cada ceremonia que nos representa. Pero jamás hubiese permitido que el otro símbolo de la enseña (las espigas de trigo) hubiesen sido cultivadas porque la economía colonial se basaba en la extracción de metales en Potosí y en el comercio orientado hacia el noreste del entonces Virreinato del Río de la Plata y no en el desarrollo agrícola de la región pampeana.

Demasiados sólidos y repetitivos símbolos opresores para la capital nacional del cooperativismo, cuya ideología defiende a la libertad y a la vida. No se trata de borrar o arrancar el pasado sino dar lugar a todos los actores sociales que formaron parte de él a través de una justa convivencia y valoración.

Pobladores de la tercera colonización de Sunchales posando con el cañón. Museo y Archivo Histórico Municipal “Basilio Donato”.

Pero paulatinamente y a medida que impera la verdad y el recambio generacional, se revaloriza y revisa la historia local, al igual que en toda América referida a este tema. Nuestro museo cuenta con una alusión humana y cercana a la realidad de aquellas personas, reflejando y recreando con información escrita, imágenes y reconstrucción de objetos de aquellos seres humanos, que además de haber sido los primeros pobladores, defendieron su territorio.

Así sucedió con lo habitantes porteños contra las invasiones inglesas de 1806 y 1807. ¿Por qué algunos consideraron a la segunda defensa como una lucha por la libertad y a la primera como un malón? En el origen cultural y racial está la respuesta: lo blanco y lo urbano es lo bueno, lo amarronado y la vida en contacto con la naturaleza es lo malo.

Si bien el camino es arduo y lento para dicho reconocimiento, éste se haría más transitable si dejara de dormir la ordenanza N° 2231/2012 que establecía nombrar como “Pueblos Originarios” a un espacio verde, ya que en estos días abundan lugares -incluidas calles- para bautizar.

Otro acto de justicia sería tenerlos en cuenta como los primeros pobladores, en sintonía con la celebración municipal anual que se realiza a personas que fueron antiguos pobladores.

Sería una manera de reconocer el derecho humano a la identidad contemplada en los pactos internacionales y en la Constitución Nacional. Ésta establece en el artículo 75, inciso 17, la preexistencia étnica y cultural de grupos y pueblos indígenas y garantiza el respeto a su identidad.

Esto último es tan vapuleado por los sucesos actuales de los mapuches que reclaman una porción mínima de las tierras que les sacaron a sus ancestros en la aludida conquista del desierto. Siempre hubo lugar para todos, pero los que ganaron con la razón de las armas y que escribieron la historia -como dice la canción de Litto Nebbia-, nunca lo quisieron llevar a cabo no solamente por una cuestión económica sino racial y social.

La realidad es que los indios forman parte de la nacionalidad argentina. Con sus características culturales enriquecieron y diversificaron a la misma no solo en el pasado sino también en el presente. Ejemplo de estos son los múltiples pueblos indígenas andinos, litoraleños, selváticos y patagónicos, entre otros.

Muchos de ellos a lo largo de la historia participaron en la construcción de nuestro país, como cuando se ofrecieron a pelear contra los ingleses en aquellas invasiones o cuando colaboraron con San Martín en su campaña libertadora.

Belgrano, Castelli, Artigas y Bolívar, próceres de la patria Grande Latinoamericana, los incluyeron con iguales derechos que los criollos, los mestizos y los negros, en las épocas independentistas.

En la actualidad son parte de quienes defienden el desarrollo sustentable, de los que practican una economía alternativa social inclusiva y solidaria contra el capitalismo insaciable, consumista y materialista deshumanizado y respetan a la madre tierra sintiéndose parte de ella y no sus amos.

Agradeciendo a la estimada lectora y al estimado lector que se encuentra leyendo este texto, tal vez en el hogar, en un descanso en el lugar de trabajo o en el estudio, solos o acompañados, se cierran estas líneas preguntando: ¿Dónde está Santiago Maldonado?

Comentá con tu usuario de Facebook

1 Comentario

  1. 👏 Muy real, estudiamos la historia y adomptamos permanentemente símbolos que son completamente abolicionistas y contradictorios a lo que se profesa.

Dejar respuesta