El pasado miércoles 17 de agosto, en la sala “Juan Bosch” del Centro de Cultura Artística “Amigos del Arte”, el prestigioso historiador porteño brindó una charla debate sobre los principales acontecimientos de 1816, poniendo en relieve a tres de sus grandes figuras: José de San Martín, Manuel Belgrano y Juan Martín de Pueyrredón. Momentos previos a la disertación, el equipo de Hijos del Pueblo tuvo la oportunidad de compartir un café y conversar en intimidad sobre temáticas históricas de interés mutuo.


EDUARDO LAZZARI

Es el presidente de la Junta de Estudios Históricos del Buen Ayre (JEHBA), quien desarrolla actividades orientadas a la divulgación del patrimonio histórico y cultural, en especial de la ciudad de Buenos Aires. Es reconocido, entre muchas otras cosas, como uno de los profesionales que más sabe sobre historias, mitos y leyendas urbanas. Además, es columnista en diversos e importantes medios radiofónicos del país y -como dato de referencia-, lleva a cabo visitas nocturnas guiadas en el cementerio de la Recoleta donde desarrolla temáticas relacionadas a leyendas urbanas, historias trágicas y la masonería en la Argentina.


La invitación llegó desde “Amigos del Arte” de la mano de Germán Thalman: compartir un café con Eduardo Lazzari algunas horas antes de su disertación. Fiel a nuestro estilo, cargamos cámara de fotos, grabador y anotadores para compartir con ustedes los puntos más interesantes que nos dejó aquel encuentro.

Después de un nutrido intercambio de presentaciones, consejos y experiencias, Lazzari se animó a responder algunas cuestiones relacionadas al tratamiento formal de lo histórico y luego, un poco más distendidos, lo retamos a participar de la clásica sección “Una tras otra”.

Adelante, a leer.

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Fotografía: Guillermo Reutemann.

– ¿De qué va a tratar la charla de hoy?

– En primer lugar, el simple hecho de los festejos de los 200 años de la independencia argentina me hizo revisar un poco lo que sabía sobre el tema y por supuesto leer documentos nuevos. Al hacerlo me llevé una gran sorpresa. Y esto lo comentaba unos días atrás con Luis Alberto Romero -un historiador al que aprecio muchísimo-: la importancia de que vayamos descubriendo que la historia de nuestro país no es obra de dos o tres tipos, sino de muchos más. Y me pareció una reflexión muy interesante para compartir con la gente.

» Cuando uno habla del proceso que llevó al 9 de julio de 1816, descubre que hay 15 personajes que son imprescindibles, lo cual nos facilita hablar de esta etapa justamente como un proceso, y que no fue algo providencial. Por eso se me ocurrió titular esta charla que voy a dar aquí en Sunchales como “Los tres grandes de 1816”. San Martín, que ya nadie necesita recordar que fue un grande, Belgrano, que está en una situación parecida, pero también incorporar a Juan Martín de Pueyrredón, un personaje que quizá la literatura histórica no se ocupó mucho y quedó relegado. Fue todo un descubrimiento para mí poder evocar su figura y conocer más sobre él. Pero bueno, la idea es entender que estos tres grandes tuvieron sus entusiasmos y sus falencias también, pero por sobre todo tuvieron un altísimo sentido de la responsabilidad al asumir sus cargos.

» Mi objetivo hoy es transmitir que no son necesarios los líderes dogmáticos, emblemáticos y carismáticos, sino que son necesarios los hombres responsables que han hecho un poquito más de lo que podían: hicieron mas bien lo que debían.

– Solés decir que “no somos lo que nuestros padres inmigrantes y fundadores quisieron dejarnos como herencia”, ¿Por qué?

– Creo que los hombres que pensaron la Argentina, sobre todo si uno mira los tiempos fundacionales (donde estaba más claro lo que había que dejar atrás que lo que se iba a lograr), tenían una enorme expectativa para el país. Es decir, un hecho constante en la historia argentina es el impulso hacia la utopía de ser uno de los grandes países de la Tierra. Ser el mejor país de la Tierra. Entonces me parece que en ese sentido, la Argentina de hoy defraudaría un poco a esos hombres que tenían una visión que hoy ya hemos perdido, y quizás ese sea el primer rescate que debamos hacer. Esos personajes no pensaban en ellos mismos, sino en dos o tres generaciones futuras. Por eso la frase. El país ha perdido esa idea de reunirnos a pensar en las futuras generaciones. Ese sería para nosotros un desafío interesantísimo.

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Fotografía: Guillermo Reutemann.

“un hecho constante en la historia argentina es el impulso hacia la utopía de ser uno de los grandes países de la Tierra”

– En tu larga trayectoria laboral de charlas, debates y recorridos, ¿cuál percibís que es la postura en la gente sobre el conocimiento histórico? ¿Cómo se debe enseñar historia en 2016?

– Yo soy muy partidario de enseñar y explicar la historia en el mismo lugar donde ocurrió. Te soy sincero, la gente está realmente ávida de saber lo que pasó. Y más allá de las virtudes o defectos que uno pueda llegar a tener en la transmisión del relato, creo que el desafío de los historiadores es cómo hacemos entendible esa historia. En este caso noto dos vertientes: la primera es la de los historiadores académicos, aquellos a los que les cuesta un poco más bajar los relatos a un lenguaje más popular, y por otro lado la vulgarización de la historia, donde los que ejercemos esta profesión nos quedamos en la anécdota y no contamos los procesos. Creo entonces que debemos hallar un equilibrio entre esos puntos, y sobre todo hay que tratar de transmitirle a la gente que aprender historia es muy divertido.

– Y con relación a lo que mencionás, ¿notás que la figura del “ídolo” se va perdiendo con los años? Durante mucho tiempo se nos presentó a Sarmiento, por ejemplo, como prócer intocable, y por más que lo sea, vemos que hay ciertos grises.

– Entiendo que en ese caso se da una contradicción entre lo político y lo histórico. La política en la Argentina ha ido tendiendo hacia el líder que era depositario de los deseos populares. Eso por un lado. Lo cual se contradecía con ese estilo de política porque había que demoler a los personajes que habían sido importantes anteriormente. Yo creo que la historia ha evolucionado hacia un equilibrio entre “el personaje importante” de un determinado período, y “el proceso al cual perteneció”. Es bueno que la historia desmitifique a todos los personajes, aún a los relevantes.

»En el caso que vos nombrás, para mí Sarmiento es un personaje central de la historia Argentina, y realmente de lo mejor que hemos tenido como país, por eso pongo mucho empeño profesional en ocuparme de sus defectos, que son los que me permiten equilibrarlo. Si no fuera así, tanto en la política como en la historia, el peor de los males sería caer en el fanatismo, que es lo que nos anula el espíritu crítico. Así que en ese sentido debemos ver a los hombres de la historia como tipos que asumieron su responsabilidad con aciertos y con defectos.

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“el peor de los males sería caer en el fanatismo, que es lo que nos anula el espíritu crítico”

UNA TRAS OTRA

¿Cuál es el prócer favorito de Lazzari? ¿A qué historiador colega recomienda? ¿Cuál es su libro preferido? Hacé click y enterate.

 

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